(Sevilla,1958)
Autor inédito, aunque ha publicado en revistas especializadas de creación literaria y también participado en consejos de redacción de algunas revistas. Los poemas pertenecen a su libro "Patio Particular".
De niño enseguida me hacía cruces.
Imaginaba castigos en el aire,
deshacía envueltos paquetes celestiales
de tortas de aceite y almendras
y las comía hurtándolas bellacamente
a mis hermanos de leche imaginarios.
De niño prefería la curva sinuosa
a la recta que provoca malestar.
Escribía con ella cuadernos de Rubio
con lápiz sin cabeza, hendido
por la fiereza aguda de mis dientes.
Peleaba en la camilla absorto
con los terribles mutantes de papel
y el capitán América recibía
chocolate en su cara y migas de pan
como alimento diario, a las cinco de la tarde
en el reló de cuco.
Mi abuela, con sus manos de corteza de árbol,
desataba la bolsa del pan
y surgían de su tela fantástica teleras
como conejos en la chistera del mago.
Entonces mi padre me daba oraciones de versos
incompletos
que yo había de arreglar, delante de sus ojos,
con el dedo en el tintero.
Yo me quedaba mirando
los jirones de sus manos crispadas
como náufragos encima de la mesa.
ÉL sonreía al principio,
para luego volver a su profunda somnolencia,
porque yo no era capaz tampoco
de dar fin a sus versos incompletos.
Destruía mi padre el papel,
el tintero se guardaba de nuevo en el cajón
y apagada su sonrisa, los meses transcurrían.
Una tarde, alentado de un vigor desconocido,
descubrí en sus versos, por qué eran siempre inacabados
y los guardo ahora en mi cajón
y allí están junto al secreto
que no he de compartir con nadie mientras viva.
Aún andaban lejos el asma
y la compleja abulia que enturbiaba lo vivido.
No eran momentos de lucidez enferma
los de entonces, ni la suerte que el día deparara
quebraba jamás el vigor de la inocencia.
Vino luego la certeza asesina de las cosas
y desvelé la máscara ideal
que cobra el tiempo en los recuerdos.
Se deshace la antigua complacencia
y desolado contemplo que eran falsos
el sueño, la infancia y su hermosura.
por Gregorio Hidalgo
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