Gregorio Hidalgo

(Sevilla,1958)



Autor inédito, aunque ha publicado en revistas especializadas de creación literaria y también participado en consejos de redacción de algunas revistas. Los poemas pertenecen a su libro "Patio Particular".



Patio Particular


I



De niño enseguida me hacía cruces.

Imaginaba castigos en el aire,

deshacía envueltos paquetes celestiales

de tortas de aceite y almendras

y las comía hurtándolas bellacamente

a mis hermanos de leche imaginarios.

De niño prefería la curva sinuosa

a la recta que provoca malestar.

Escribía con ella cuadernos de Rubio

con lápiz sin cabeza, hendido

por la fiereza aguda de mis dientes.

Peleaba en la camilla absorto

con los terribles mutantes de papel

y el capitán América recibía

chocolate en su cara y migas de pan

como alimento diario, a las cinco de la tarde

en el reló de cuco.



II<


Mi abuela, con sus manos de corteza de árbol,

desataba la bolsa del pan

y surgían de su tela fantástica teleras

como conejos en la chistera del mago.

Entonces mi padre me daba oraciones de versos

incompletos

que yo había de arreglar, delante de sus ojos,

con el dedo en el tintero.

Yo me quedaba mirando

los jirones de sus manos crispadas

como náufragos encima de la mesa.

ÉL sonreía al principio,

para luego volver a su profunda somnolencia,

porque yo no era capaz tampoco

de dar fin a sus versos incompletos.

Destruía mi padre el papel,

el tintero se guardaba de nuevo en el cajón

y apagada su sonrisa, los meses transcurrían.

Una tarde, alentado de un vigor desconocido,

descubrí en sus versos, por qué eran siempre inacabados

y los guardo ahora en mi cajón

y allí están junto al secreto

que no he de compartir con nadie mientras viva.



III

Aún andaban lejos el asma

y la compleja abulia que enturbiaba lo vivido.

No eran momentos de lucidez enferma

los de entonces, ni la suerte que el día deparara

quebraba jamás el vigor de la inocencia.


Vino luego la certeza asesina de las cosas

y desvelé la máscara ideal

que cobra el tiempo en los recuerdos.

Se deshace la antigua complacencia

y desolado contemplo que eran falsos

el sueño, la infancia y su hermosura.



por Gregorio Hidalgo









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