vol.1,n.1,1996
"Sobre una piedra extrema"
Andrés Sánchez Robayna
Madrid,Ave del Paraíso,1995
De la Poesía cabría decir lo mismo que Séneca dijera de la Filosofía: "No ha
de usarse para pasar el día con alguna distracción, para quitar su fastidio a la
ociosidad: forma y modela el alma". He recordado estas palabras al poco de concluir
la lectura de Sobre una piedra extrema, el último poemario publicado por Andrés
Sánchez Robayna (Las Palmas de Gran Canaria,1952) y que, a mi modo de ver, desarrolla el
arco iniciado con Palmas sobre la losa fría(1989) y que se prolonga en Fuego
blanco(1992). Se culmina aquí una poesía epifánica, desveladora del ser y por ello
susceptible de calificarse como ontológica. No deben engañarnos este calificativo
ceñudo y llevarnos a pensar que estamos ante un verso intrincado, seco y oscuro ; lejos
de ello, es esta una palabra rutilante, teñida de reflejos, transida por la luz cálida
de la memoria. No ha de servirnos la Poesía como mero entretenimiento, sino como
instrumento desvelador, hecho para rescatar alguna región del mundo humano. Tras la
lectura de Sobre una piedra extrema se siente crecer (¿hacia afuera?,¿hacia
adentro?) el mundo, como si un fragmento de realidad, de tiempo ya vivido o porvivir, pero
que sabemos propio, emergiera de súbito, recuperado de no se sabe dónde, intacto ahora
en nuestros labios: una región larvada de mundo que se nos muestra. El verso de Andrés
Sánchez Robayna es epifánico, dora de luz nueva la superficie oscurecida del paisaje (
una isla extraviada en el océano del alma); es luz precipitada que se ensancha hasta dar
en la forma maciza del cristal. La visión (idéa) de cuanto nos rodea (el árbol,el
volcán, la piedra...) sustrae a la conciencia (en una suerte de magnífica ascesis de la
materia) hasta el centro cerrado, a la condensación del ser :"El deseo de ser es mi
deseo".
La expresión poética aspira a mostrar la ósmosis de la conciencia con cuanto la
trasciende, hasta formar -ya sin piel(adermia)-un solor ser. Y lo alcanza no
estáticamente, sino extásicamente, cuando escapa de sí la palabra, y se rompe en lo
otro (J.R.J.) para confundirse, y reecontrarse hecha mundo; y desplegar, finalmente, su
cerrado germen y mostrarlo a la luz común. En este sentido aglutinamente podemos
calificar la poesía de Sánchez Robayna como mística, mística, secreta...venablo
dirigido a lo indecible. Y es que Dios, el confín del ser, no es definible (Pseudo
Dionisio Areopagita), decible, sólo nos es posible señalarlo. (Wittgenstein).
Sobre una piedra extema confirma lo que aparece, lo que alimenta nuestra carne
(para volverla alma). Y cuanto vemos se vivifica también ("todo está lleno de
dioses", dijo Tales), cuanto tocamos se vuelve pálpito, las nubes, los árboles nos
hablan ("Aquellas hojas,/enormes,¿qué decían?Un lenguaje/parecían formar con su
rumor, una lengua/que debía aprender, hecha de grumos"); las piedras son corazones
adormecidos, formas puras ("Amad las piedras que son formas puras", escribió
Salvador Rueda). Hay una piedra extrema hecha para ser lanzada y volverse pájaro,
extensión y umbral de la conciencia, una piedra en la mano de un niño sobre la que traza
unos signos, un mensaje que luego lanza a un mar indistinguible y cierto, "una
palabra mineral". Escribimos para fijar el devenir, para inmovilizar lo fugaz,
movidos por un hambre imprecisa de eternidad. Grabamos signos sobre la superficie veteada
de la piedra ("literatura"), trazamos palabras sobre arena que más tarde
descifrará el viento. Bajo la luz se conforman los cuerpos ("No se produce/lo
visible sin luz. En la declinación/de la luz se entreable la visión/.../"),
adquieren sus límites, alcanzan su forma propia, la que les pertenece; y no podemos dejar
de recordar aquel magnífico pasaje del libro VI de la República de platónica, cuando
Sócrates compara el sol, nuestro sol, con la suprema Idea que confiere esencia, realidad
y verdad a cuanto existe.
Todo está animado, las cosas (seres discretos,anónimos) nos reclaman, se adentran a
trávés de la piel, se ahondan en la carne, porque ambicionan volverse sangre, y
después, palabra en nuestros labios, "aquella era la lengua de las hojas", y
nosotros nos apropiamos de su estela, y como un espejo, reproducimos una y otra vez su
imagen. El germen de la lengua estuvo allí, "bajo los ramajes, entreabiertos/,
hablan los mundos, laten los lenguajes". Nosotros, luego, rememoramos aquella lengua
inicial; es ahora nuestra palabra dialecto de aquel hablar primero. Y paradojicamente,
nuestro decir es reminiscente, centrípeto, que aspira regresar, caer al hontanar de donde
brotó: "Acercate a los árboles, verás/y podrás escuchar que no existe un
silencio/más poblado de voces,(...)","los instantes/que dicen lo visible y lo
invisible", un tiempo germinal de donde emana todo tiempo ulterior("Yo iba/por
el día sin tiempo de la niñez"). ¿No es, acaso, la memoria, -la memoria vegetal,
mineral, orgánica-,el venero de toda poesía??No es,justamente, la Poesía un esfuerzo
por recuperar aquella lengua inicial?,¿recuperar la remota edad de conjunción de sangres
y de alientos?¿no son, acaso, nuestras palabras de ahora guijarros, cantos rodados,
abalorios que un mar lejano abandona en la playa?.
En el poema titulado La tarde de verano asistimos a una quietud de luz, un silencio
horizontal de fuego, de cigarras, de cereal, de tierra espesa que se adentra ("Ahora
en esta tarde, podría decir míos/esta luz, este aire/.../"), una tarde de estío
preñada de luz, de brisa, de sudor que hace brillar la carne...y todo, nuevamente, se
confunde : el sólo ser, sereno, esféerico y encendido ( pues que es lo mismo amar y ser,
decimos parafraseando a Parménides). Deseo, hambre profunda como de raíz cuando su cofia
excava la tierra y se la apropia ("Pero el deseo, como el vuelo/en la luz, dice el
sol, dice la tierra/,dice el uno en la luz y dice el cuerpo/en la disolución de toda
luz"). Hablar, nombrar..., los ojos de aquel niño que percibe en la higuera
"frutos/de espesa claridad, de luz madura."
Otro de los poemas axiales del libro es el dedicado al músico inglés del siglo XVI
Thomas Tallis, la música de su Spem in alium parece conciliar todas las voces,
"un canto alzado hasta la transparencia/de la voz", asistimos al origen de toda
voz y a su acabamiento, canto que arrastra en su fluir "hasta la ola de lo
perpetuo".
Sobre un piedra extrema es una fuga que se abisma en la entraña del lenguaje. La
piedra escrita se llena ahora de intencionalidad y proseguirá en una larga cadena
(pródomos) de `palabras hasta tejer un territorio verbal. "El lenguaje de la poesía
dice el mundo y es el mundo, nos habla de lo real y es lo real. Pero en el poema se dice
también que en ese rumor, en ese lenguaje, se oye una llamada de más allá de él",
afirma Andrés Sánchez Robayna ('Culturas', Diario 16,20.01.96). El deseo del ser, su
avaricia, nos arrastra, nos llena de palabras que parecen aspirar a algo que ya no es
palabra. Y es que todo ser, afirma Spinoza en su Ética,desea perseverar en el ser.
por Miguel Florián