(Ocaña,Toledo,1953)
Catedrático de filosofía en un instituto sevillano, ha publicado
artículos de carácter filosófico y pedagógico. En cuanto a la actividad literaria, se
distribuye entre artículos de crítica literaria, traducciones de poetas franceses y
portugueses, así como poemas popios en diferentes revistas y diarios españoles,
portugueses y americanos. Ha publicado los siguientes libros de poesía :"Los mares,
las memorias"(Madrid,Devenir,1992). "Anteo"(Huelva,Colección J.R.J.,1994)
galardonado con un accésit del XIV Premio Hispano americano de Poesía "Juan Ramon
Jiménez" 1994 y accésit del premio "Rosalía de Castro",1993.
"Lluvias"(Avila:Colección San Juan de la Cruz,1995),galardonado con el V premio
Nacional de Poesía "San Juan de la Cruz"(1994). "Los días y los
pájaros"(Zamora,1995),galardonado con el I Premio Internacional de poesía
"Claudio Rodríguez". "Este es mi cuerpo"(Huelva, Cuadernos de
Abolay,en prensa).
Los poemas que publicamos pertenecen al libro :"LLuvias".
El agua deslíe la conciencia, una a una
empapa las imágenes, se agitan sus reflejos,
tiemblan sólo un instante sobre la herida. Nunca
acabará la lluvia. En la memoria llueve,
vuelvo a ver los charcos de la infancia, una manta
empapada sobre vagas cabezas, y un rostro
muy fugaz de mujer. Siempre estuvo lloviendo,
los pájaros perdidos buscaban entibiarse
en nuestra sangre. Aquella boca de tibia luna
enmudecida y fría, sobre la yerba húmeda...
¿A dónde lleva el agua esas semillas?, ¿en qué mar
desembocan?,¿en qué madre germinan?,¿acaso
el alma es tierra y luego, ya en sazón, fructifican
bajo el temblor de la memoria?Tocar el mundo
con nuestras manos ciegas, y luego en el recuerdo,
otro mundo renace más intenso. Aquella
mano posada sobre el tiempo, aquella frente
con su gesto de arcilla, y este turbio afán
por alzar su casa derruida
bajo la tempestad, esta inquietud de abrir
en las ondas de todos los regatos la entraña
encendida del musgo. Sí, ¿en qué océano
en qué lecho se vierten las palabras?,¿qué muelles
refugian a sus barcos? El cielo es agua quieta
y el polvo, y los vestigios que espejean y abrasan
en su luz la conciencia. Náufragos todos bajo
idéntico aguacero, peregrinos del sueño
creciendo sobre el pecho del tiempo, sosteniéndonos
sobre la mano incierta de un dios que nos ignora.
Renunciar a la carne que entibió nuestro lecho,
a sus hondas pupilas, sus labios. Renunciar
a los días idénticos, que van hacia su abismo
de indistinguible dicha, a su vaivén de sombra.
Dejar a un lado el agua, la sed y los otoños
con su hojarasca espesa, el amor de las tardes
con sus besos ocultos. Aproximar la muerte,
tomarla entre los brazos, abrirse a su penumbra.
Renunciar a ese cuerpo que, de improviso, ahora,
sabemos que siempre hemos amado, que nunca
dejaremos de amar. Renunciar a sus brazos,
a su boca, a su musgo. Y seguir existiendo.
Que sea blanco, tibio, y sobretodo lento,
muy lento, este verano. Que crezcan muy despacio
sus espigas. Que se detenga el brillo dorado
del centeno. Y se adormezca el musgo.
Deseo contenerme muy dentro de esta hora,
tenderme en esta vulva de animales blanquísimos,
que me rozan los labios, y me abrasan...
En esta algarabía de palabras, de cristal,
y de insectos. Que me abra despacio
desde el cuerpo hasta el alma para habitar
esta asfixia de luz, de agua quieta y profunda
que gime bajo el alma, y perderme en el pájaro
con su trino de acero. Allá arriba, en su aire.
Por Miguel Florián
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