Miguel Florián

(Ocaña,Toledo,1953)



Catedrático de filosofía en un instituto sevillano, ha publicado artículos de carácter filosófico y pedagógico. En cuanto a la actividad literaria, se distribuye entre artículos de crítica literaria, traducciones de poetas franceses y portugueses, así como poemas popios en diferentes revistas y diarios españoles, portugueses y americanos. Ha publicado los siguientes libros de poesía :"Los mares, las memorias"(Madrid,Devenir,1992). "Anteo"(Huelva,Colección J.R.J.,1994) galardonado con un accésit del XIV Premio Hispano americano de Poesía "Juan Ramon Jiménez" 1994 y accésit del premio "Rosalía de Castro",1993. "Lluvias"(Avila:Colección San Juan de la Cruz,1995),galardonado con el V premio Nacional de Poesía "San Juan de la Cruz"(1994). "Los días y los pájaros"(Zamora,1995),galardonado con el I Premio Internacional de poesía "Claudio Rodríguez". "Este es mi cuerpo"(Huelva, Cuadernos de Abolay,en prensa).
Los poemas que publicamos pertenecen al libro :"LLuvias".



Lluvia



El agua deslíe la conciencia, una a una

empapa las imágenes, se agitan sus reflejos,

tiemblan sólo un instante sobre la herida. Nunca

acabará la lluvia. En la memoria llueve,

vuelvo a ver los charcos de la infancia, una manta

empapada sobre vagas cabezas, y un rostro

muy fugaz de mujer. Siempre estuvo lloviendo,

los pájaros perdidos buscaban entibiarse

en nuestra sangre. Aquella boca de tibia luna

enmudecida y fría, sobre la yerba húmeda...

¿A dónde lleva el agua esas semillas?, ¿en qué mar

desembocan?,¿en qué madre germinan?,¿acaso

el alma es tierra y luego, ya en sazón, fructifican

bajo el temblor de la memoria?Tocar el mundo

con nuestras manos ciegas, y luego en el recuerdo,

otro mundo renace más intenso. Aquella

mano posada sobre el tiempo, aquella frente

con su gesto de arcilla, y este turbio afán

por alzar su casa derruida

bajo la tempestad, esta inquietud de abrir

en las ondas de todos los regatos la entraña

encendida del musgo. Sí, ¿en qué océano

en qué lecho se vierten las palabras?,¿qué muelles

refugian a sus barcos? El cielo es agua quieta

y el polvo, y los vestigios que espejean y abrasan

en su luz la conciencia. Náufragos todos bajo

idéntico aguacero, peregrinos del sueño

creciendo sobre el pecho del tiempo, sosteniéndonos

sobre la mano incierta de un dios que nos ignora.



Sacrificio



Renunciar a la carne que entibió nuestro lecho,

a sus hondas pupilas, sus labios. Renunciar

a los días idénticos, que van hacia su abismo

de indistinguible dicha, a su vaivén de sombra.

Dejar a un lado el agua, la sed y los otoños

con su hojarasca espesa, el amor de las tardes

con sus besos ocultos. Aproximar la muerte,

tomarla entre los brazos, abrirse a su penumbra.


Renunciar a ese cuerpo que, de improviso, ahora,

sabemos que siempre hemos amado, que nunca

dejaremos de amar. Renunciar a sus brazos,

a su boca, a su musgo. Y seguir existiendo.



Plegaria



Que sea blanco, tibio, y sobretodo lento,

muy lento, este verano. Que crezcan muy despacio

sus espigas. Que se detenga el brillo dorado

del centeno. Y se adormezca el musgo.


Deseo contenerme muy dentro de esta hora,

tenderme en esta vulva de animales blanquísimos,

que me rozan los labios, y me abrasan...


En esta algarabía de palabras, de cristal,

y de insectos. Que me abra despacio

desde el cuerpo hasta el alma para habitar

esta asfixia de luz, de agua quieta y profunda

que gime bajo el alma, y perderme en el pájaro

con su trino de acero. Allá arriba, en su aire.


Por Miguel Florián









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