Las ideas. Su política y su historia: Brasil, texto y contexto

Populismo y empresarios judíos: actuación pública de Horacio Lafer y José B. Gelbard durante Vargas y Perón


Leonardo Senkman | Universidad Hebrea de Jerusalén

 

Resumen

El artículo explora, en forma comparativa e introductoria, la necesidad de los últimos gobiernos populistas de Getulio Vargas(1951-54) y Juan Perón (1951-55 y 1973-74) de establecer alianzas entre sectores del empresariado y clases medias de origen inmigratorio con el movimiento obrero, a fin de que ambos líderes nacionalistas instrumentasen políticas de desarrollo industrial y expansión del mercado interno. A pesar de las diferencias importantes entre ambas experiencias populistas, se estudia primero la actuación pública del empresario judío brasilero Horacio Lafer, que fue líder de la federación de industrias de Sao Paulo y ministro de Economía elegido por  Vargas; en la segunda parte, se analiza la diferencia de la trayectoria de Lafer con el caso del empresario judío polaco naturalizado argentino José B. Gelbard, fundador de la Confederación General Económica argentina, y nombrado ministro de Economía por Perón cuando regreso de su exilio político. Finalmente, el artículo ofrece algunas hipótesis interpretativas sobre la erupción de discursos xenófobos y antisemitas en la coyuntura de crisis y colapso de la  heterogénea y endeble alianza social y política populista.

Palabras clave: Alianza populista, empresarios de origen inmigratorio, nacionalismo, mercado nacional, xenofobia y antisemitismo

Abstract

The essay explores, in a preliminar and comparative way, the reasons by which the last both populist regimes of Getulio Vargas (1951-54) and Juan Perón (1951-55, 1973-1974) established political and economic alliance between  sectors among the entrepreneurs of immigratory origin and the organized labor movement, aimed at economical development and broadening the national market. Although  both populist experiences differ in important aspects , the essay attempts to focus on  two particular cases of entrepreneurs. In the fist part, it deals with the public perfomace of  Horacio Lafer, a Brazilian second generation Jew, and one of the founder of Sao Paulo Federation of Industry, who was elected by Vargas as his Minister of Economy (1951-1953) . In the second part, the study analysis the differences between Lafer and Jose B. Gelbard case, a Jewish naturalized Polish immigrant, who became the founder of CGE, the Argentine federation of the middle and petit industrial /commercial entrepreneurs, with the support of Peron in 1952. Special attention is paid to the reasons by which Peron himself choose Jose Gelbard  as Minister of Economy  for the implementation of the Social Pact during the conflictive years of 1973-74 when the populist leader returned fron political exile. Finally, the essay gives explanatory hipothesis for understanding the eruption of xenophobic and anti-Semitic discourse when the heterogeneous and weak populist  alliance  broke down in Brazil and Argentina.

Key Words: populist alliance, entrepreneurs of immigratory origin, nationalism, national market, xenofhobia, anti-Semitism

 

 

 

El  presente artículo intenta indagar, de modo preliminar, el apoyo a las políticas económicas de los populismos durante los últimos gobiernos de Vargas y Perón    brindado por líderes empresarios judíos que no estaban afiliados ni  formaban  parte del getulismo ni del peronismo. Se analizará la estrategia pactista de ambos populismos para  incorporar  aliados de las clases medias de origen inmigratorio en la heterogénea alianza política y social, con el fin  de instrumentar políticas de desarrollo industrial y la expansión del mercado interno. A través de los casos particulares de Horacio Lafer y José Gelbard se explorará la cuestión general del vínculo de líderes  populistas con el empresariado nacional y las clases medias, así como las reacciones que provocó en círculos nacionalistas y antisemitas el protagonismo en la esfera pública y en los gobiernos populistas de algunos de esos líderes de origen inmigratorio. 

El retorno electoral de Vargas a su segundo gobierno (1951-54) fue iniciativa del liderazgo del populismo getulista y adhemarista a un proceso político de democratización que ya había empezado en 1946.

A diferencia de la  heterogénea coalición política  que logró forjar el  triunfo del peronismo y el retorno de Perón en Argentina con amplia movilización popular, el retorno de Vargas en las elecciones de 1950 se origina extrapartidariamente, pese a ser apoyado formalmente por el Partido Trabalhista Brasileiro (PTB) (obtuvo casi el 48% de los votos) y el Partido Social Progressista (PSP), liderado por el populista paulista Adhemar de Barros. La creación del primer partido fue impulsada por Vargas en 1945 para la representación política de las demandas de los trabajadores tras la ideología del trabalhismo. Por su parte, en el Partido Social Democrático (PSD), partido oficial  del gobierno de Erico Dutra (1946-1950), pero creado por iniciativa de Vargas en 1945 para representar a sectores altos de las clases medias y las oligarquías provinciales, la cúpula partidaria permitió que sus afiliados votasen a los candidatos de su preferencia, allanando el camino en 1950 para que ofrecieran apoyo electoral a Vargas. El PSD le dio muchos votos de las clases medias [1] .

Desde el fin de la dictadura del Estado Novo el sistema partidario mostraba un bajo nivel de institucionalización, y  en 1950  Vargas ensayará un inestable sistema de alianzas políticas tendientes a la conciliación con figuras destacadas de adversarios,  pero en modo que el gobierno apareciera neutral respecto de las demandas de esas agrupaciones partidarias, acentuando en cambio una identidad nacional por encima de facciones políticas y sociales. La nueva experiencia populista del getulismo, que retorna por la vía democrática al poder en 1951, articula una coalición política de conciliación entre los imperativos del desarrollo económico modernizador y las demandas sociales y laborales del trabalhismo. Incluso la adhesión al trabalhismo no sera óbice para que Vargas decidiera nombrar a un solo ministro del PTB, Danton Coelho, en la cartera de Trabajo, evitando confundir su  gobierno con el  partido portavoz del getulismo. Para el ministerio de Agricultura fue designado el político de la UDN de Pernambuco, João Cleófas, que despertó la oposición en la dirigencia nacional del UDN, principal partido conservador de la derecha brasilera que desde el principio combatirá a Vargas.El estilo populista y de personalismo tutelar del gobierno de  Vargas, al pactar con líderes y figuras individuales de partidos y agrupaciones antagónicas, le privó de una sólida base social de apoyo, y  rerforzó la crisis de confianza en la eficacia del sistema político capaz de galvanizar la transición a la democracia.

A diferencia del justicialismo peronista en Argentina, durante la primera etapa de su gobierno Vargas se resistió a que una política de trabalhismo tutelase al movimiento obrero y campesino como “benfeitor dos pobres”, procurando una conciliación con los “interesses da nação”[2] ; su discurso apuntará a convencer al pueblo de que únicamente a través de un amplio proyecto de reconstrucción nacional sería posible el ascenso socio-económico de los  menos favorecidos. De ahí que en su sistema de alianzas Vargas eligiese interlocutores civiles y militares del campo nacionalista, tanto de la burguesía industrial como del ejército. Por primera vez, un gobierno brasilero logra que coexista contradictoriamente en su seno un proyecto nacionalista en lo económico con otros proyectos de signo diferente. En tal modo, la orientación nacionalista de la Asesoría Económica de la Presidencia de la República coexistirá al mismo tiempo con el proyecto de conciliar los intereses norteamericanos  en la Comisión Mixta Brasil-Etados Unidos y, además, en el Acuerdo Militar Brasil-Estados Unidos.   

Militares nacionalistas opuestos al envío de tropas a la guerra de Corea y a la no alineación con los EE. UU. en la guerra fría apoyarán el comienzo de la primera etapa del gobierno populista de Vargas, junto con aquéllos que favorecían el monopolio estatal del petróleo. Durante su  último gobierno fueron creadas empresas  y agencias que se trasnformaron en símbolos del nacionalismo económico, relegando a un segundo plano las reivindicaciones laborales y sociales. Algunas empresas estatales y públicas devinieron íconos del nacionalismo desarrollista: Petrobrás, Eletrobrás, Banco Nacional de Desenvolvimiento Económico, Banco do Nordeste do Brasil, Campanha de Aperfeicoamento de Pessoal de Nivel Superior, Instituto Nacional de Imigração e Colonização, etc. El nacionalismo económico se transformó durante el último gobierno de Vargas no sólo en palanca de sus planes modernizadores, sino en mito movilizador  popular en la sociedad civil.

El triunfo de la doctrina de la seguridad nacional en plena Guerra Fría constituyó la base ideológica para que las fuerzas armadas intervenieran en política interna a los efectos de legitimar tanto el rol militar en la defensa hemisférica, como para promover un desarrollo económico capitalista sostenido. El miedo al comunismo provocó entre 1949-51 una polarización de facciones ideológicas dentro de las fuerzas armadas, y generales nacionalistas como Estillac Leal, presidente del Club Militar y opuesto a la influencia norteamericana, y Zenobio da Costa, comandante  de la crucial zona militar de Rio, apoyaron el retono de Vargas al poder. La base militar de apoyo electoral estuvo centrada en los veteranos de la ex Força Expedicionaria Brasileira (FEB). Sin embargo, el presidente Vargas neutralizará el peligro de que la pugna entre nacionalistas e internacionalistas pudiera afectar a su arbitraje populista en el nuevo gabinete. Así, al tiempo que Vargas escogía para el ministerio de guerra a Estillac Leal, general nacionalista hostil a los EE. UU., y aunque el presidente brasilero quería negociar un acuerdo de cooperación militar con dicha potencia, nombraba también como canciller a João Neves da Fontoura, pro-norteamericano. Vargas ya había ensayado esa misma línea contradictoria exitosamente durante la Segunda Guerra Mundial, con sus dos ministros, Eugenio Gaspar Dutra y Osvaldo Aranha, totalmente opuestos en sus respectivas visiones en política internacional. También Vargas ensayó esa línea ecléctica  de jugar a dos puntas en política interna, cuando condujo al líder populista a crear en 1945 dos partidos de orientación contraria: el “burgués” Partido Social Democrático (PSD), y el “obrero” Partido Trabalhista Brasileiro (PTB)[3] .

En este trasfondo, el PSD ofrecerá integrar la figura principal de la conducción económica en el primer gabinete populista de Vargas a uno de sus hombres, el industrial judío paulista Horacio Lafer. Con todo, su prestigio como líder empresario paulista sería lo que al final determinaría su nominación para el cargo, mucho más que su actuación política en el PSD[4] .

El caso de Horacio Lafer es paradigmático, y su trayectoria pública como dirigente estudiantil, líder de los empresarios industriales, político y ministro del  último gobierno de Vargas y canciller de Juscelino Kubitschek, además de miembro destacado de la comunidad judía paulista, merece un estudio no sólo biográfico. Nacido en Sao Paulo en 1900, era hijo de inmigrantes judíos de Lituania y sobrino de Mauricio Klabin, el más patricio de los linajes empresariales judíos en Brasil. Entre 1918 y 1920, Horacio Lafer estuvo entre los dirigentes universitarios de la Liga Nacionalista bajo el influjo ideológico de Rui Barbosa y Olavo Bilac. Hizo gala de todo su talento de empresario en el grupo industrial Klabin-Lafer, y en coincidencia con su actividad en la esfera privada alternará como impulsor en la esfera pública económica y política paulista para la modernización socio-económica del estado. En 1928  fue miembro del equipo fundador del  primer directorio del Centro de Industrias do Estado de Sao Paulo (CIESP), junto a otros empresarios de origen inmigratorio como  Francisco Matarazzo, Roberto Simonsen, etc; en ese mismo año fue asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores; en 1929 participó como delegado de Brasil en la Conferencia Internacional sobre trato a los extranjeros convocada por la Liga de las Naciones. A partir de la era Vargas (1930-1945) impulsará esferas públicas del empresariado, como la Federação de Industrias do Estado de Sao Paulo (FIESP) que congregaba a los sindicatos patronales. En la Asamblea Constitutyente de 1933 defendió posturas proteccionistas a favor de la industria nacional. Lafer abogó por el rol social y arbitral del estado, propulsando la creación de Conselhos técnicos como mecanismos de interacción entre el estado y la sociedad civil. En 1934 fue diputado estadual por San Pablo elegido por el Partido Constitucionalista, e integró las comisiones de Finanzas y Diplomacia de la legistlatura. En 1938 fue nombrado primer secretario de la Confederação Nacional da Industria (CNI).

A pesar que durante el Estado Novo retornó a la esfera privada empresaria, nunca dejó de ejercer actividades públicas. Fue miembro de la delegación brasilera en la II Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas (Río, enero de 1942), y a partir de 1943 integró el Conselho Técnico de Economía e Finanças del Ministerio de Fazenda, cargo en que se mantuvo hasta 1950. Luego de la caída del Estado Novo en 1945, Lafer pasó a formar parte del nuevo Partido Social Democrático (PSD), integrado por empresarios con el apoyo de Vargas,  y participó  en la elaboración de la Carta Constitucional  promulgada en 1946 como dirigente de la Asamblea Nacional Constituyente. Líder de la mayoría parlamentaria durante el gobierno del general Eurico Dutra, fue presidente de la comisión de finanzas de la Cámara, propulsó una amplia reorganización del sistema bancario, la creación del Banco Central y la reglamentación de varios tipos de bancos especializados, y cajas económicas, amén de medidas proteccionistas en materia de  política algodonera, café y trabajo para la recomposición de la red ferroviaria y el plan SALTE [5] .

Lafer volvió a presentarse sin éxito como candidato del PSD en las elecciones parlamentarias de 1950, en las cuales otros judíos vinculados a la comunidad tuvieron participación. Así, Moisés Kaufman, electo diputado a la Legislatura del Estado de Sao Paulo por el Partidio Nacional Democrático, y el Dr Rodolfo Schraiber, candidato del Partido Social Progressista. Ambos políticos fueron, respectivamente, fundador y vicepresidente de la Federação Israelita de Sao Paulo[6] .

Ahora bien, será durante el último gobierno de Getulio Vargas (1951-54) cuando Horacio Lafer logra que hasta mediados de 1953 se le ponga al frente del Ministerio de Hacienda. Se ha afirmado con razón  que el ofrecimiento de tan importante ministerio se debió más al hecho del prestigio de Lafer como líder empresario paulista que a su actuación en el PSD. En la primera etapa del gobierno nacional populista, la política de desarrollo económico del ministro Lafer, vinculado a sectores locales y extranjeros del empresariado industrial y financiero, coexitía con la de ministros de orientación nacionalista y anti-norteamericana, lo cual traducía el intento de Vargas de procurar la conciliación de intereses en pugna.  

Por primera vez un judío accedía a tan importante rango gubernamental[7] , y  también por primera vez se nombraba a otro hijo de inmigrantes, descendiente de libaneses, al frente del Banco do Brasil: Ricardo Jafet . 

Resulta significativo que en la historia de la participación de judíos en la política de Brasil y Argentina hayan sido designados por primera vez como ministros de Hacienda a nivel federal dos judíos durante regímenes modernizadores populistas de integración nacional, cuando se consideró necesario convocar a empresarios de origen inmigratorio. En efecto, la designación de Lafer como ministro por Vargas se anticipó en más de veinte años a la designación por Perón en 1973 del inmigrante judío polaco naturalizado, José Ber Gelbard, en su tercer gobierno populista, tal como veremos más adelante.                                   

 

Horacio Lafer,  itinerario de un  judío empresario y político brasileiro

 

La experiencia ideológica de Horacio Lafer durante sus años de estudiante universitario y su vinculación a la Liga Nacionalista le dejaron indelebles señas de una particular identidad brasilera que lo acompañarán durante su posterior vida pública.

Esas señas de brasileidad de miembro de la Liga Nacionalista se diferenciaban discursivamente respecto de las otras organizaciones nacionalistas de la derecha católica y maurrasiana de los años 20. Mientras que la Liga de Defensa Nacional que la antecedió adoptó un aura militar autoritario, y un nacionalismo heroico y jerárquico partidario de la causa Aliada durante la primera guerra mundial, la Liga Nacionalista (LN) fue más elitista, aunque menos xenófoba respecto a los inmigrantes, si bien igualmente temerosa de las movilizaciones obreras anarco-sindicalistas. La LN surgió en 1916 como un círculo reformista desprendido del hegemónico Partido Republicano Paulista (PRP) con el fin de regenerar a la elite y convencerla de la utilidad de la refoma electoral tendiente a ampliar la participación de sectores medios y populares a la vida democrática,  procurando la educación de las masas.

Influído por las ideas de Rui Barbosa, Olavo Bilac, Vergueiro Steidel, el joven  universitario Lafer y otros etudiantes de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales compartían en 1919 la urgencia de luchar “pelo voto secreto, pelo serviço militar obrigatorio, pela causa da justiça contra a agressâo a pequenos povos, pela glorificaçao do patriotismo e dos homes que servian a Patria”, en palabras del propio Lafer[8] .

De todos los intelectuales nacionalistas, el influjo personal de Rui Barbosa  fue el de mayor calado sobre el joven estudiante de Derecho. Ya en 1920 Lafer, en compañía de otros cofrades liguistas de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de Sao Paulo, se trasladaron a la casa de  Barbosa en Rio para invitarlo a un acto de graduación académica en el paraninfo de la facultad donde leyó la famosa “Oraçao aos Moços”[9]

Ahora bien, junto a estas ideas reformistas a favor del sufragio y la educación en la esfera cívica, algunos teóricos de la LN adoptaron posturas nacionalistas  procurando la asimilación y naturalización de inmigrantes, además de difundir ideas xenófobas de blanqueamiento de la población afro-brasilera, tal como sugería Julio de Mesquita Filho, dirigente de LN, copropietario de O Estado de Sao Paulo y fundador de Revista do Brasil[10] . He aquí un núcleo fundamental de la construcción identitaria  nacional durante los años formativos de Lafer que ha de marcarlo durante todo su trayecto público posterior. Pero, además, lo marcará otra convicción  de la LN : que la educación de los trabajadores debía ser parte del esfuerzo cívico de los empresarios para evitar que las ideas anarquistas y cosmopolitas revolucionarias corrompiesen la conciencia nacional de los obreros. La LN creó “escuelas nocturnas nacionalistas” para  trabajadores de ambos sexos que estudiaban, preponderantemente inmigrantes, y varios miembros industriales de la LN promovieron cursos en sus propias fábricas[11] .

Tal como lo recordará años después su amigo Antonio Gontijo de Carvalho, Lafer dio ejemplo personal de ese ideario mutualista social cristiano, “ensinando aos operarios as primeiras letras, nas proprias fabricas” y dedicándose a “uma intensa propaganda do voto secreto”[12] .

En este sentido, es menester diferenciar el clima intelectual nacionalista social cristiano de Liga Nacionalista al que adhirió Lafer, de aquel otro ideario de  organizaciones nacionalistas xenófobas, como Acao Social Nacionalista (ASN), e incluso del catolicismo social y  nacionalista obrero de empresarios como Jorge Street, presidente del Centro Industrial de Brasil, y admirado por ASN[13] .

La revista Gil Blas del ASN, por ejemplo, publicaba artículos de intelectuales autoritarios católicos brasileros maurrasianos; así, su editor, Alcibiades Delamare, escribía acerca del oculto designio de los judíos de dominio materialista mundial bajo el disfraz del Protestantismo de Estados Unidos. Hamilton Nogueria calificaba en aquellos años a los judíos de “metequismo denacionalizador”, reemplazando el viejo prejuicio contra los mercaderes lusitanos, de los que tomaba prestado el eufemismo maurrasiano racista de “meteco” para  el nuevo léxico del antisemitismo. Por su parte, Jackson de Figueiredo estigmatizaba al liberalismo económico que debilitaba al Brasil asociándolo con “el imperialismo universal de la plutocracia de origen judío”[14] . Lafer conoció a esos intelectuales, y pese a que tomó distancia de ellos no olvidará la gravitación de sus ideas sobre la brasileidad.

 

Horacio Lafer y los integralistas brasileros

 

Cuando en los años 30 Horacio Lafer fue blanco de injurias antisemitas por parte del ala más fascista del Integralismo brasileiro, liderado por Gustavo Barroso, éste no tuvo en cuenta su pasado universitario vinculado a la Liga  Nacionalista.

La teoría de la conspiración judía según los Protocolos de los Sabios de Sión permeaba toda la concepción de Gustavo Barroso sobre la cuestión judía en Brasil, y la localizaba en el estado de Sao Paulo, el principal centro de la modernización e industrialización brasilera durante los años 30. En su libro Brasil, colonia de banqueiros (1934), el enemigo mítico de la Nacion era encarnado por el judío internacional bifronte. Esta figura fantasmagórica era colonia de banqueros que gobierna las finanzas del país (supuestamente habrían negociado los empréstitos desde 1824 a 1934 como si fueran Rotschild locales), al tiempo que un temible foco de subversión que prepara el terreno para la dictadura del proletariado comunista, con la diabólica manquinación de los Rotschild.

En esta demonización antimoderna y conspirativa del enemigo judío, Barroso ubicaba al Estado de Sao Paulo como la “glándula principal” judaica que infecta el cuerpo de la nación toda, denunciando a industriales, los banqueros y exportadores de café. “Os judeus sao os nossos maiores e mais terriveis inimigos”, justamente porque “fantasiados de Brasileiros, são nossos inimigos intimos [15] ( cursivas mías, LS).

En la nómina de capitalistas modernizadores que manejarían la economía de Sao Paulo, Barroso denunciaba en la mejor tradición taxativa inquisitorial a “un grupo de judeus, mejo judeus e judaizantes ou judaizados”, donde registraba los apellidos extranjeros de Numa de Oliveira, Simonsen, Murray, Moretzshon, Mesquita, Whitaker, Lafer, Klabin.

 Entre las discrepancias políticas e ideológicas que diferenciaban a Gustavo Barroso de la corriente principal que lideraba Plinio Salgado, el Chefe de Asociação Integralista Brasileira (AIB), cabe incluir también la furibunda campaña antisemita del primero contra empresarios judíos paulistas. Un motivo de los desacuerdos con Barroso fue su ataque a Horacio Lafer, con quien Salgado matenía relaciones  correctas. A diferencia de Barroso, Salgado creía que “os judeus honestos” (como Lafer)  podían integrarse en la nación brasilera si se asimilaban a la cultura nacional y se mezclaban a través de casamientos mixtos “com cristãos  e outras raças”. El estado integral que procuraba Salgado se proponía eliminar el capitalismo como sistema financiero internacional, del cual los judíos formarían parte de él tanto como los cristianos. De modo que su judeofobia no se basada supuestamente en prejuicios de raza o de religión, sino en el rechazo del “capitalismo financiero internacional” personificado en la banca Rotschild, a pesar de que Salgado negaba la existencia de un capitalismo judío separado e independiente del sistema mundial. El estado integralista de Salgado, a diferencia del racismo exclusionista de Barroso, que creía en la conspiración judía según el libelo de los Protocolos de los Sabios de Sión,  aceptaba incluir a judíos dueños de industrias, como Lafer, y dispuestos a “misturarse” con el pueblo brasilero, aunque pensara que era sólo una “coincidencia” el hecho de que el 60% de los préstamos internacionales estuvieran controlados por los judíos[16] .

Salgado censuró en la prensa integralista artículos de Barroso que atacaban directamente a los judíos brasileros. En marzo de 1936, Barroso intentó publicar el artículo “Sinagoga Paulista” en el  diario A Offensiva, donde acusaba a empresarios judíos paulistas, entre ellos a Lafer, de negociados a raíz de una exención impositiva para importar maquinaria a la  Companhia Nitro-Quimica[17] .

Muy significativamente, el secretario general de Propaganda de AIB, Madeira de Freiras, lo rechazó. Finalmente, el artículo fue publicado en el periódico integralista Seculo XX. En respuesta, Salgado ordenó suspender por unos meses que la prensa integralista publicara artículos de Barroso[18] .

La reacción no se hizo esperar, y varios diarios integralistas salieron en su defensa, a pesar de que el liderazgo de AIB  haya negado que hubiera divergencias en el movimiento integralista a causa del  tema judío. Por su parte,  Seculo XX  denunció que “el kahal judeu” de Brasil intentaba liquidar a Barroso, recordando que el diputado Horacio Lafer y los Wolff  se disponían a gastar mucho dinero para desmoralizar a Gustavo Barroso[19] .

El episodio muestra que Salgado disentía ideológicamente con Barroso en lo referente a los ataques a empresarios judíos  debido a su propia concepción sobre la integración posible de los judíos en la nación brasilera. Mientras que el antimodernista  autor de Brasil, colonia de banqueros consideraba inasimilable al extranjero, y veía al judío como un enemigo mítico de la incontaminada esencia nacional del caboclo, el Chefe del integralismo confiaba en la nueva amalgama racial que continuaba el mito de la fusión de las tres razas fundadoras de la brasileidad: indios, negros y blancos lusitanos. En esta matriz racial nueva  era posible la integración del  judío cuando surgiera la sociedad  del futuro estado integral. En la retórica ideológica  para la construcción identitaria del Cheffe integralista, la  “raça”  asumía el estatuto de categoría científica explicativa de la sociedad y la población,  en un sentido muy diferente al de otros ideólogos de la etnicidad brasilera. Los extranjeros, y los judíos por antonomasia, podían incluirse en ese nuevo proyecto étnico nacional sin jerarquizaciones raciales, como pensaron Nina Rodriguez y Silvio Romero, pero tampoco sin excluir a los judíos, como pregonaba Barroso. La nueva y “grande patria da raça harmoniosa, resultado das íntimas correspondencias de todas as raças”, en que pensaba Salgado, incluía a los extranjeros que arribaron a Brasil, y por supuesto, a judíos nativos como Lafer[20] .

Muy probablemente por esas razones, Plinio Salgado no tuvo reserva alguna para aceptar el pedido de entrevista  solicitado por el rabino Isaias Raffalovich de Rio en octubre 1934 . El rabino temía la campaña antisemita de la  prensa integralista, la cual acusaba a los judíos inmigrantes de Rusia de ser, simultáneamente, comunistas y  conspiradores capitalistas de la banca internacional[21] .

 

El Chefe integralista  procuraba reformular étnicamente la identidad nacional,  pero no podía admitir el antisemitismo  de Barroso basado en el odio de raza.

Sin embargo, la  nueva democracia racial integralista imaginada por Salgado era tan heterofóbica como la inventada por otros intelectuales nacionalistas ilustres  con preocupaciones étnicas durante la era Vargas- Gilberto Freyre, el más importante de todos aquellos que inventaron el mito de la democracia racial brasilera.

La heterofobia de Salgado contra el particularismo étnico-cultural judío  fue compartido por numerosos nacionalistas y liberales brasileros. Sin embargo, su heterofobia  debe diferenciarse de la retórica antisemita de aquellos integralistas que procuraban colocar la cuestión judía en la esfera pública brasilera.

En carta abierta publicada en abril de 1934, Plinio Salgado hizo pública la naturaleza económica de su prevención contra los judíos, recordando que el antisemitismo era anticristiano, muy distinto a  su demanda étnica de fusión y asimilación: “Em relaçao ao judeu, nao nutrimos contra essa raça nenhuma prevenção. Tanto que desejamos ve-la em pé de igualdade com as demais raças, isto é, misturando-se pelo casamento, com os cristãos… Quanto ao capitalismo judaico, na realidade, ele não existe como tal. O que se dá e apenas uma coincidencia; mais de 60% do agiotismo internacional está nas mãos dos israelitas. Isso não quer dizer que sejam eles o responsáveis absolutos pelas desgraças atuais do mundo (…) a animosidade contra os judeus é, além do mais, anticristã e, como tal, condenada pelo próprio catolicismo”[22] .

Las prevenciones contra el capitalismo judío de Salgado no podrían haberse dirigido nunca contra el industrial y hombre público Horacio Lafer: su imagen  patricia, intelectual y patriota desbarataba al Chefe integralista cualquier ícono estigmatizado del “agiotismo internacional dos israelitas”. Tres décadas después, en el homenaje póstumo parlamentario que se tributó a Lafer, el entonces diputado Plinio Salgado evocará con admiración los rasgos patricios del ex legislador fallecido, “uma personalidade naquele antigo estilo, que já vai desaparecendo da vida política nacional”. Porque más allá de su talento empresario y ser experto en política exterior, Salgado siempre elogió las virtudes intelectuales de “ese homem ponderado, prudente,  (que) era também filósofo, dado a especulaçoes trascendentes”, además de sus virtudes de sociabilidad, propias de un “grande brasileiro”[23] .

El pedigree empesarial, político y de judío asimilado a la brasiliedad patricia de Lafer inspiraba respeto en un integralista de filiación idealista como Salgado. Es que Horacio Lafer fue un caso excepcional: el único judío en la Liga Nacionalista, y luego representante de Brasil en la Liga de las Naciones en 1929, donde defendió el proteccionismo económico de los países subdesarrollados, criticando las prácticas  de dumping; fue además el único judío parlamentario constituyente clasista que en 1934 promovió la creación de consejos técnicos nacionales, y resultó electo diputado federal por Sao Paulo del Partido Constitucionalista.

Indudablemente, la actuación de Lafer en la esfera pública económica, antes y durante el Estado Novo, había despertado la admiración de ciertos integralistas y también de altos funcionarios del aparato estatal getulista. Una de las paradojas del autoritarismo patrimonialista de la experiencia getulista radica en su peculiar síntesis de tradicionales principios jerárquicos, de raíz regalista imperial, con un igualitarismo populista en pos de una justicia social que permitiera contradictoriamente la inclusión de grupos marginales y étnicos en la construcción de una nueva nación, a pesar de las definiciones primordialistas de raíz ibérica y ariana de algunos de sus miembros. Las viejas jerarquías sociales estructuradas en términos clientelísticos de la Republica Velha oligárquica, fueron reestructurados durante el Estado Novo a través de la institucionalización de relaciones intermedias bajo el único patronazgo del Estado. Fue especialmente en el ámbito económico bajo Vargas, donde el sector industrial del empresariado nacional de origen inmigratorio participó de los planes modernizadores de desarrollo nacional, antecedente brasilero de una participación semejante que tendrá lugar doce años después en Argentina bajo el  peronismo.

Figuras relevantes de la industria paulista, como Roberto Simonsen, Horacio Lafer, Ricardo Jafet y Euvaldo Lodi -quienes al principio se opusieron políticamente a Vargas-, colaborarán desde la Confederação Nacional de Industrias (CNI) en los programas sociales de modernización estatal. Un ejemplo fue la participación de empresarios judíos e italianos en los programas de capacitación y entrenamiento  industrial destinados a operarios que emprendió la CNI en coordinación con el Estado Novo a través de agencias semi-autónomas, tales como el Servicio Nacional de Aprendizagem Industrial (SENAI)[24] .

Además, Lafer no sólo creía en la necesidad de la integración económica con la burguesía local y de origen inmigratorio, sino también en la integración exogámica  brasilera, para lo cual dio ejemplo personal contrayendo nupcias en enero de 1937 con Maria Luisa Salles, de formación y fe católicas. Ambos cónyuges eran respetuosos de sus respectivas religiones y festividades tradicionales. No obstante, tal como resume su sobrino Celso Lafer, la adaptación de un judío de primera generación, casado con una brasilera patricia con sinceras convicciones católicas, “nao deixou de apresentar problemas práticos para a observancia do calendario religioso judaico”[25] .                                                            

Por otra parte, el discurso de Lafer adoptó ciertos núcleos retóricos básicos de la  integración nacional que compartían integralistas, liberales y católicos, al aceptar incisos heterofóbicos del mito de la democracia racial brasilera. No por casualidad, el diputado Lafer publicó su breve credo cívico de israelita brasilero en un anuario editado por judíos y gentiles liberales en 1937 bajo el sugestivo título  A assimilação israelita. Antes del golpe que instauró el Estado Novo, el Almanack Israelita  que apareció bajo el padrinazgo ideológico liberal del intelectual Azevedo Amaral, salía al cruce  para demostrar a la campaña integralista que no existía una “Questão Judaica” en Brasil, a diferencia de la Alemania nazi. La propaganda judeofóbica era una mera “transplatação” artificial que llevaban a cabo las agencias nazis para atacar “ao espírito liberal e as tendencias da civilização”. Si para Azevedo Amaral el antisemitismo era una planta extraña a la convivencia racial armónica en los trópicos,  el periodista antifascista Samuel Wainer intentaba probar que dos tercios de los inmigrantes israelitas “dissolveran-se no cadinho onde se processa o caldeamento étnico brasileiro”, cuyo antecedente histórico creía hallarlo en la fusión de los cristaos novos durante la época colonial[26] .

Continuando en esa línea explicativa de Wainer sobre la espontánea capacidad de asimilación judía en Brasil, “não registrada em parte alguna”, es posible leer el credo personal de Horacio Lafer en las correspondencias intertextuales con los otros artículos del Almanack Israelita.

Lafer habla de la aptitud del “israelita” para asimilarse “nos paizes onde se establece”, a pesar de su diferencia religiosa. La tolerancia religiosa republicana formaba parte de la brasilianidad en los mismos términos con los que la elite eurobrasilera blanca consideraba la democracia racial y religiosa como uno de los pilares de la nacionalidad, a la que el extranjero debía  asimilar su diferencia religiosa o cultural. Los modelos prestigiosos de la asimilación nacional que invocaba Lafer eran europeos y americanos: “Quál a differença de um norte-americano protestante e de um israelita? Onde un frances catholico se deseassemelha de um francez israelita?”, se preguntaba. Y tras recordar el hecho de que a través de la historia se destacaron en parlamentos y gobiernos de esos países “patriotas insignes de religião israelita”, Lafer afirma:

“A religião não plasma o individuo, mas sim o ambiente em que vive é que o amolda… O israelita só não contribui para o progresso do lugar onde é perseguido por que não lhe é concedida a possibilidade de o fazer”. Y como en Brasil “o odio de raça e religião (…) e planta que nunca se aclimatará entre nós”, a pesar de “algumas mentalidades acanhadas”, Lafer concluye que “o futuro dira que Brasil, ontem como amanhã, as únicas sementes que desabrocham são as do amor ao próximo, da bondade, do respeito á dignidade humana, sem ódios nem provocaçoes”[27] .

Si la religión judía “não plasma o individuo”, en cambio la religión católica de la Nación formó parte irrenunciable del “ambiente em que vive e que amolda” al judío brasileiro Lafer. Y no sólo porque haya tenido entrañables amigos católicos desde la época de la Liga Nacionalista, como Carlos Pinto Alves y Augusto Frederico Schmidt, quienes creyeron en la obra espiritual de la Iglesia Católica[28] . Lafer comprendió perspicazmente que para formar parte de la elite dirigente eurobrasilera no sólo era necesario comportarse como “um cavalheiro, um gentelman paulista, um líder político e um capitão-de-industria” (según la caracterización de Ulysses Guimarães en el homenaje parlamentario)[29] . Este hijo nativo de primera generación de inmigrantes judíos lituanos procuró ser honrado por el Vaticano, pese a que Lafer ”viveu como judeu e murreu como judeu” (según palabras de Baleeiro en el citado homenaje parlamentario) y fue moldeado espiritualmente junto a su familia integrada a la comunidad judía local, donde nunca dejó de concurrir a la sinagoga de la Congregação Israelita Paulista-CIP durante las grandes festividades del calendario judío[30] . Lafer recibió la honorífica distinción vaticana en octubre de 1952, cuando el papa Pio XII lo condencoró con la Áurea Cruz Lateranense. Monsenhor Armando Lacerda, prelado papal, hizo entrega de la distinción a Lafer en su gabinete del Ministerio de Hacienda en razón de su “gran coração e gran espírito, inigualável conochedor da financa mundial, bandeirante dos mais ilustres, e que tanto prestígio tem dado á nossa Patria no concerto universal dos povos”.

En su respuesta, que Lafer escribió quince años después de haber sostenido que la religión no plasma al individuo, el ahora ministro galardonado hará publico el  fundamento católico de la brasilianidad:

“Quando joven, etudando a Historia do Brasil, tive a ventura de nela verificar que, sem a Igreja Catolica, não teriamos tido nem Pátria nem unidade nacional. Mais tarde, já afeito ao conhecimento dos traumatismos em homes e nações, compreendi que apesar dos naufrágios e perversões, por maiores que sejam, enquanto estiver de pé a Igreja, o mundo do espiritualismo e dos princípios morais persistirá, atacado sempre, vencido nunca”.

En los años mozos de estudiante, Lafer aprendió que sin la Iglesia no habría habido unidad nacional; en 1952, en su desempeño como funcionario público del gobierno populista de Vargas, comprendería que aun los no católicos y los de otras razas habrían de reverenciar la obra de la Iglesia para no faltar al deber de bom brasileiro:

“Por isso me convenci que, seja qual for o credo, a cor, a posição ou fortuna de un homem, quem não divise o maior sustentáculo da sobrevivencia territorial e espiritual de nosso País, este, por injusto ou ignaro, estará faltando aos seus deveres de bom brasileiro. Diz-me a consciência que assim sempre agi”[31] . ‏

En 1960, durante sus funciones de canciller de Juscelino Kubitchek (1959-61), Lafer será recibido en audiencia protocolar por el Papa Juan XXIII, en compañía de su esposa: el impacto fue completamente  inverso al de la condecoración de Pio XII.   Su Santidad, que había convocado el Concilio Vaticano II con el fin de reconciliar a los cristianos con sus hermanos mayores y asumía el gran  legado espiritual común de cristianos y judíos, abrió el diálogo reconociendo que el canciller brasilero era judío “e que falava con seus irmaos todos os dias lendo o Velho Testamento”. Tal como lo explica Celso Lafer, esta apertura no fue mera cortesía, sino parte del esfuerzo papal de levantar el estigma al pueblo deicida. La invitación al “dialogo fraterno” entre un cristiano y un judío indudablemente le habría impactado al ex ministro de Vargas, quien en 1952 había ensayado una legitimación cristiana de la nacionalidad brasilera;  en cambio, luego de la audiencia papal como canciller de Kubitschek, Lafer “confirmó a sua posição de que o respeito pelo catolicismo era compativel com a afirmação de sua judaicidade”, no de su brasilianidad[32] .

Ahora bien, la legitimación de la obra nacional de la Iglesia por parte de Lafer nunca fue excusa para que el hombre público en la economía y en la política nacional intentara ocultar su condición judía. Por el contrario, desde los años 20 participó de la vida comunitaria judía, primero con la creación y consolidación de la Escuela Hebraico-Brasileira “Renascença”, fundada por su padre en 1923. Después, no sólo ayudó durante los años del Estado Novo a la consolidación del CIP, participando en su comisión directiva (fue vocal entre 1939-1941 y tesorero segundo entre 1942-44, colaborando con su amigo Luis Lorch, casado con una de las hijas de su socio Mauricio Klabin), sino que regularmente asistía a los oficios religiosos de las grandes festividades judías en el templo Bet El, construído por su familia. En los años del segundo gobierno de Vargas, Lafer se excusaba por no atender en su despacho del ministerio durante el Día del Perdón (Yom Kipur), y tampoco mantenía reuniones de trabajo con el mismo Vargas. Además, el ministro Lafer y Wolff Klabin ayudaron con su influencia a morigerar medidas restrictivas durante el Estado Novo contra el ingreso de refugiados judíos. Sin embargo, nadie mejor que el diputado Aliomar Bareeiro captó las ambiguedades que suscitaba en Lafer su doble condición de judío y brasilero, en un país “na quase totalidade de católicos[33] .

 

La gestión económica de Lafer durante el último gobierno populista de Vargas (1951-53)

Resulta significativo que la recomendación de nominar a sendos empresarios  de origen inmigratorio, Horacio Lafer al frente del ministerio de Hacienda y Ricardo Jafet al frente del Banco do Brasil, fuera propuesta a Vargas por el líder populista  conservador Adhemar de Barros, gobernador del poderoso estado de Sao Paulo[34] .  Ambos hijos de inmigrantes eran industriales paulistas con vinculaciones financieras internacionales, y pese a que disputas y fricciones entre ellos revelaban diferencias profundas en materia de política crediticia, estos funcionarios propusieron una política de desarrollo sostenido en base a un alineamiento económico de Brasil con las  propuestas desarrollistas de los  EE. UU..

Hijo del patriarca y pionero inmigrante libanés Nami Jafet, Ricardo nació en Rio, 1907, y se diplomó en la Facultad de Derecho. En los años 40 era considerado dueño de una de las mayores fortunas del país. Además de heredar la fortuna paterna, fue un próspero empresario en el comercio del algodón, fundó la primera empresa de transporte de carga rodoviaria entre Rio y Sao Paulo y en 1936 creó la Mineração Geral do Brasil. Durante la campaña electoral de 1950, Ricardo Jafet apoyó la candidatura de Adhemar de Barros para el gobierno de Sao Paulo, y la  candidatura deVargas para la presidencia, siendo uno de sus más importantes apoyos financieros. Los medios de comunicación daban por seguro la designación de Jafet en la cartera de Hacienda, pero finalmente Vargas optó por Lafer y Jafet fue designado al frente del Banco do Brasil[35] .

A diferencia de Jafet, Lafer conocía por dentro el funcionamiento del ministerio de Hacienda, porque ya había  integrado el Consejo Técnico de Economía y Finanzas desde 1943 a 1950, y ejercido el cargo de presidente de la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados antes de ser nominado ministro de Hacienda de Vargas. Durante el gobierno de Dutra, Lafer fue uno de los más entusiastas  defensores de la implementación del Plan SALTE (Salud, alimentación, transporte y energía) aprobado en la Cámara de Diputados en 1948, pero que no pudo prosperar.

Se ha sostenido que la política económica del segundo gobierno de Vargas procuró un delicado equilibrio al adoptar decisiones contradictorias entre cooperación externa con capitales norteamericanos y soberanía nacional para las metas del desarrollo económico con fuerte participación estatal[36] .

Lafer creyó en la necesidad de llevar a cabo las reformas económicas en dos etapas: en la primera, una estabilización de variables macroeconómicas, y en la segunda un fuerte desarrollo industrial mediante la aceleración de la sustitución de importaciones, y el fomento de incentivos fiscales y crediticios.

Lafer fue el hombre clave en la programación y ejecución de la cooperación económica con los EE.UU. A pesar que no estuvo a su cargo la responsabilidad por la conducción de la Comisión Mixta Brasil-Estados Unidos (CMBEU), que lideró políticamente el canciller Neves de Fontoura, luego de instalada la Comisión Mixta  en julio 1951 le tocó a Lafer negociar en setiembre de ese año los empréstitos para financiar proyectos de infraestructura con bancos norteamericanos, el BIRD y Eximbank.

Por su iniciativa se promulgó la ley No 1474, que creó el Plano de Reaparelhamento Económico, con el fin de generar la contrapartida a los financiamientos aprobados por la CMBEU[37] . Conocido como Plan Lafer, se instituyó por primera vez en Brasil un plan quinquenal, con el propósito de programar el desarrollo nacional integrado, que preveía grandes inversiones públicas en sectores prioritarios, como energía, transporte e industrias de base, al cual se vinculó el proyecto de crear Petrobras. El Plan fue aprobado en el Congreso a fines de 1951, con la oposición de la UDN y del PTB, y no logró ser llevado a la práctica integralmente, siendo un antecedente del futuro  Plan de Metas del gobierno de Kubitschek[38] .

También la concreción de los proyectos de la CMBEU fue parcial, y su gestión quedó interrumpida con la entrada en funciones de la administración republicana de Eisenhower. Entre 1951-53, únicamente 15 proyectos recibieron financiación por un valor de 186 millones de dólares sobre un total acordado de 387 millones[39] .

La gestión de Lafer se caracterizó por una ortodoxa política de estabilización  fiscal y monetaria, junto con medidas de protección al desarrollo de infraestructuras,  el impulso industrial y la planificación regional. El resultado fue la liberalización de importaciones con tasas de cambios sobrevaluadas, que permitió un crecimiento del sector servicios, y una caída de las exportaciones. Durante la movilización popular a escala nacional en torno a la campaña en defensa del monopolito estatal con la propuesta de crear Petrobras, Lafer, junto con el canciller Joao Neves da Fontoura, apoyó la línea moderada que favorecía la participación de empresas internacionales  en la exploración petrolera.

Su disputa con la conducción de Jafet al frente del Banco do Brasil provenía del rechazo de Lafer a la concesión liberal del crédito, que amenazaba su plan económico con presiones inflacionarias. No hay que ver en esa rivalidad ningún elemento étnico o religioso entre un funcionario árabe libanés cristiano y un ministro judío[40] .

La promoción industrial fue uno de los pilares de la acción pública de Lafer. Por su iniciativa se creó en 1951 la primera Comisión de Desarrollo Industrial para planificar prioridades en la expansión fabril del país, así como el Banco Nacional de Desarrollo Económico (BNDE), en 1952, y el Banco do Nordeste.

En marzo de 1952 fue creada la Subcomisión de Jeeps, Tractores, Camiones y Automóviles, bajo la jurisdicción del Consejo de Desarrollo Industrial del Ministerio de Hacienda, que junto con la Asociación Nacional de Máquinas, Vehículos y Accesorios, creada en 1953, pusieron las bases para el programa de la industria del automóvil, que más tarde ejecutará la administración desarrollista de J. Kubitschek[41] .

Pero la gestión económica de Lafer debe entenderse dentro de la contradictoria política populista de Vargas de alianza entre el PSD-PTB, la cual conoció serias tensiones internas que condujeron a la reestructuracion del gabinete en 1953, e incluyó los relevos, entre otros, de su ministro de Hacienda y del presidente del Banco do Brasil.

El inicial impulso al plan de desarrollo industrial de la segunda etapa se vio frenado ya en 1952 por el déficit de la balanza comercial, debido al aumento de las importaciones, las presiones inflacionarias, la caída de las reservas y las dificultades políticas y sociales de llevar a cabo un proyecto desarrollista estatal alto de miras al mismo tiempo que una política ortodoxa estabilizadora sin una base de apoyo firme.

Desde la asunción de la presidencia, Vargas intentó una política populista de conciliación nacional y regional con el apoyo del ala nacionalista del Ejército, por encima de la estructura política partidaria, a la que consideraba fuente desagregadora de la sociedad y del estado. Tal como lo demostró Maria Celina Soares D’Araujo, esta estrategia populista de apelar a todos los sectores sociales y étnicos para conciliar los desafios del trabalhismo y del desarrollo económico, evitando la exlusión y la confrontación, deslegitimaba el sistema político al procurar la integración nacional a través del estado populista, árbitro supremo de los intereses sociales y único instrumento legítimo para la canalización de las demandas de la sociedad civil[42] .

Pero a pesar del inicial triunfo de la línea nacionalista del ejército (el general Dutra pasó al retiro y el general Goes Monteiro fue nombrado jefe del estado mayor, pero sin las amplias atribuciones que había tenido antes), muy pronto el nuevo gabinete de Vargas tuvo que redefinir el significado del nacionalismo económico en el mundo de la guerra fría y el anticomunismo liderado por los EE. UU. Así, el antinorteamericano ministro de Guerra, cuya posición nacionalista respecto del petróleo rechazaba la participación en la empresa estatal de compañías norteamericanas, fue marginado de la negociación del gobierno para concretar el Acuerdo Militar Brasil-Estados Unidos, misión confiada al canciller Neves da Fontoura. Este acuerdo de defensa, por el cual  Brasil  proveería a  EE. UU. de materias primas estratégicas, comprometía la original promesa de Vargas de nacionalizar los recursos naturales. En marzo de 1952 Estilac dimitía como protesta y fue sustituido por Ciro de Espiritu Santo Cardoso, representante de la corriente internacionalista conservadora de la “Cruzada Democrática”, furiosamente antipopulista y pro-norteamericana, privando a Vargas de la base de apoyo inicial de las fuerzas armadas que parecía asegurada.

Los ahora democráticos militares pronorteamericanos, hasta llegaron a acusar a la facción liderada por Estilac de permitir la infiltración comunista en el  Ejército, con su táctica de combatir toda dependencia con el imperialismo norteamericano. La Cruzada Democrática, apoyada por la UDN, no hesitó en utilizar técnicas de terror contra los nacionalistas del Ejército para conquistar el triunfo en las elecciones del Club Militar en mayo de 1952, desplazando a los partidarios de Estilac con el fin de alertar de una supuesta alianza de Vargas con la izquierda nacionalista. En efecto, los reciclados democráticos generales Alcides Etchegoyen y Nelson de Mello, presidente y vicepresidente de Cruzada Democrática, que durante el Estado Novo lideraron la policía federal, al cabo de un año de gobierno populista de Vargas lanzaron una campaña de terror en connivencia con los servicios de inteliencia contra sus adversarios del Ejército[43]

En febrero de 1952, Segadas Viana reemplazó a Danton Coelho en el ministerio de Trabajo, abriendo una brecha en el apoyo del PTB al gobierno de Vargas. La reestructuración del gabinete en junio de 1953 marcará la crisis de la primera fase del gobierno populista, tironeado por fuerzas nacionalistas y liberales adversas en su propio seno, y por orientaciones antagónicas tanto en política internacional como en su programa económico y social. Desde la izquierda, Vargas acentuará el componente trabalhista de su proyecto populista al designar a João Goulart en el Ministerio de Trabajo, despertando sospechas histéricas en la oposición de que el régimen procuraba peronizarse y transformar a Brasil en una “república sindicalista”, según el modelo argentino. Desde la derecha, el populismo de Vargas hará todo lo posible para neutralizar a la UND y  exigir el alejamiento de Horacio Lafer y su reemplazo por Osvaldo Aranha, quien aplicará una política económica tendiente a desacelerar el crecimiento económico y un plan de estabilización monetarista, al tiempo que alejará el ala nacionalista militar, proclive a lograr un acuerdo militar con los EE.UU. Sin embargo, esta política pendular y contradictoria del populismo no ayudó a Vargas a frenar la coalición civil militar de derecha que buscaba deslegitimarlo, exigiendo su  exclusión del sistema político.

A partir de 1953, las huelgas en las grandes ciudades, los ataques contra la supuesta alianza de Vargas y  Perón para llevar adelante un eje sudamericano entre Argentina, Brasil y Chile para neutralizar la política norteamericana, y el ataque sensacionalista contra el diario Ultima Hora, privarán al nacionalismo trabalhista  de apoyos civiles y militares.

En este clima de conspiración cívico–militar contra la cabeza del populismo brasilero, no extraña que la gran prensa controlada por la oposicion creara un clima de golpe contra Vargas, e incluso haya ensayado una campaña de difamación con ribetes antisemitas contra Samuel Wainer, director de Ultima Hora, único órgano de prensa que defendía al gobierno y  había ayudado a Vargas  en la campaña electoral de 1950[44] .

De manera similar, las dificultades en el último período de la gestión de Lafer fueron utilizadas por la prensa nacionalista y  trabalhista para desacreditarlo mediante un discurso injurioso que no sólo criticaba su política económica, sino que estaba también cargado de apelativos estigmatizadores de su condición judía. Empero, en términos comparativos con Argentina, ese discurso careció de los ribetes judeofóbicos de la campaña contra José B. Gelbard, constreñido a un perentorio alejamiento de su gestión al frente del Ministerio de Economía durante el borrascoso final del tercer gobierno peronista[45] .

La reestructuración del gabinete en junio 1953, y la salida de Lafer, sustituido por Osvaldo Aranha, marcó un nuevo rumbo populista de Vargas, al subestimar el apoyo de la clase media y orientarse hacia una línea fuertemente trabalhista que culminará con la designación de João Goulart en el Ministerio de Trabajo.

 

El  apoyo de empresarios  judíos al populismo peronista y getulista : algunas hipótesis  sobre el caso  Jose  B. Gelbard

 

Más allá de las diferencias profundas entre el populismo getulista y el peronismo, así como de las dispares estructuras sociales y económicas de Brasil y Argentina, es posible comparar el rol jugado por líderes empresarios de origen inmigratorio en esos países. A los fines de este artículo, una exploración comparativa preliminar de la trayectoria del empresario y futuro ministro de Economía Jose B. Gelbard, líder fundador de la Confederación General Económica (CGE) de Argentina, a pesar de sus diferencias con el empresario y ministro de Hacienda  Horacio Lafer, podría ser de gran utilidad. La ausencia de un tal trabajo histórico aún constituye una asignatura pendiente a fin de elaborar hipótesis de investigación. Aquí, ensayaremos un bosquejo.

En un somero nivel de análisis comparativo, las diferencias socio-económicas de ambas experiencias  se imponen por sobre las semejanzas.

En primer lugar, mientras que el proyecto económico básico del primer  peronismo fue ampliar el mercado interno mediante una política distribucionista de ingresos y salarios que rápidamente expandiese el poder de compra de los sectores populares y medio, el populismo getulista se embarcó en un desarrollismo industrial modernizador que privilegiaba la inversión pública en infraestructura, al objeto de fomentar el consumo popular a medio y más largo plazo que el modelo argentino.

En segundo lugar, mientras el desarrollo industrial brasilero estaba mucho más avanzado y planificado que el argentino, y los empresarios industriales agremiados en la FIESP se mostraban interesados en la participación corporativa para el desarrollo modernizador, en lo que el estado populista de Vargas les apoyaba, en Argentina el desarrollo industrial  privado fue menor que el sector público, los empresarios nacionales recién empezaban a organizarse en torno a la CGE y eran  marginados por la poderosa Union Industrial Argentina (UIA). Además, ellos no se integraron a las agencias estatales del peronismo. A la inversa, el fuerte sindicalismo argentino fue la columna vertebral del justicialismo, cuyo partido oficial único expresaba tanto las demandas de los trabajadores nacionales como los intereses del estado peronista, a diferencia del caso del PTB y el PSD. Hay que recordar que, a diferencia de Perón, Vargas propuso primero la creación del PSD para representar los intereses de las capas altas de la  burguesía y el clientelismo de los nouveaux riches, y sólo después impulsó la invención del trabalhismo mediante el PTB.

En tercer lugar, mientras que el peronismo había accedido al poder  a través de una polarización política y social expresada en un enfrentamiento violento entre los sectores populares y sus centrales obreras (CGT) en contra de las corporaciones de la industria (UIA) y de los terratenientes agropecuarios (Sociedad Rural), en Brasil el gobierno populista de Vargas intentó una estrategia de conciliación política y social a través de la alianza PTB-PSD, por medio de la temprana cooptación de los grandes empresarios sindicalizados. No antes de 1952 Perón promovió la creación de una central empresaria afin al  estado populista, la CGE, incomprablemente menos fuerte que la brasilera FIESP, la cual  tampoco estaba en condiciones de enfrentarse con la CGT. Pero tampoco la CGE logró imponer sus cuadros técnicos profesionales, ni ofrecer economistas de la CEPAL al estado peronista, a diferencia de los técnicos de las corporaciones empresariales centrales paulistas y expertos cepalinos  que colaboraron  dentro del estado getulista.

La cuarta diferencia entre Argentina y Brasil yace en el tipo de liderazgo político de los empresarios Jose Beer Gelbard y Horacio Lafer. Mientras que este último fue un judío paulista nativo vinculado al linaje familiar patricio del grupo Klabin, ostentando un prestigioso pedigree de actuación industrial y parlamentaria prolongada, previa a su actuación como ministro del gobierno Vargas, el primero fue un inmigrante judío polaco que arribó en 1930 a la Argentina, inició su actividad comercial como vendedor ambulante (cuéntenik) en ciudades de provincia del nordoeste y su base de apoyo fundamental previa a la creación de la CGE fueron los medianos y pequeños empresarios bolicheros del interior del país. El estilo plebeyo y  con baja legitimidad social del empresario naturalizado Gelbard (tampoco tenía inserción en el stablishment judío institucional de Buenos Aires) contrastaba totalmente con el intelectual “gentelman paulista y capitão –de- industria”, aceptado por las elites liberales y desarrollistas brasileras, y figura emblemática de la comunidad judía paulista. Pero ambos empresarios, que apoyaban las políticas de desarrollo económico de sus respectivos líderes populistas, quienes depositaron en ellos su confianza en la conducción económica, tenían en común su independencia ideológica: Gelbard se va a negar siempre a los intentos de “peronizar” a la CGE del mismo modo que  Lafer se resistió a que el trabalhismo y el getulismo condicionen su gestion ministerial. Este último era miembro del PSD, el partido “burgués” de Vargas históricamente con un  núcleo político fuertemente conservador integrado por caciques de oligarquías regionales y por el aparato burocrático de los ex-interventores estaduales, además de haber sido marcado el PSD por su experiencia de coalición con la UND durante el gobierno Dutra. Gelbard nunca se afilió al Partido Peronista, y  Perón  tampoco se lo exigió, a pesar del carácter vertical y obsesivamente personalista  de su partido, sabiendo además el líder justicialista que Gelbard era un hombre de confianza del Partido Comunista Argentino que lo mantenía en secreto[46] .

Finalmente, la última gran diferencia se refiere al momento histórico en que actuaron políticamente ambos líderes empresarios. En la primera etapa de su último gobierno, Vargas ensayaba una alianza populista de centro izquierda PTB-PSD, que superará la coalición conservadora de centro-derecha PSD-UDN de Dutra, pero procurando siempre cooptar a la oposición de derecha; en cambio, el primer momento histórico de la actuación empresaria de Gelbard correspondió a la polarización aguda entre la coalición obrera y sectores medios empresarios peronistas frente a la oposición de las centrales industriales y agropecuarias al régimen populista, el cual, ya en 1952, había peronizado la sociedad, la educación, los medios de comunicación, las fuerzas armadas, la administración pública y la economía. En una Argentina dividida entre la “dictadura sindicalista”, como le acusaban sus adversarios antiperonistas de la oligarquía y las clases medias, Perón intentará ampliar las bases empresariales de su apoyo para neutralizar a la UIA con la creación de la CGE. En 1952 Perón acudió a la ayuda de Gelbard para conseguir romper el aislamiento empresarial de que adolecía su régimen populista; entre 1973-74, el anciano líder retornado del exilio acudirá otra vez a Gelbard y a la CGE, esta vez para intentar nada menos que su ministro de Economía implemente un pacto social entre los sectores obreros sindicalizados y la burguesía nacional capaz de llegar a una tregua en la violentamente polarizada sociedad argentina. En el inicio del  proceso histórico, durante 1951-53,  el populismo de Vargas intentaba expandir sus bases de apoyo propios y cooptar a sus adversarios;  también en su último gobierno  Perón  procurará esa estrategia getulista de un modo extrapartidario mediante el pacto social de Gelbard, pero en un país totalmente dividido socialmente y muy enfrentado políticamente, donde los signos de la guerra civil acechaban todos los días. El ministro Gelbard de 1973-74  tuvo que medirse ante fuerzas ingobernables: necesitará operar simultáneamente para neutralizar tanto a los Jangos criollos  de la ‘patria socialista’ del sindicalismo peronista, como a los fascistas del nacional-populismo de López Rega, sin equivalente en el conciliador estado getulista brasilero[47] . El populismo pactista del ministro Gelbard fracasará por razones distintas que la gestión Lafer durante el getulismo brasilero: el primero fue volteado por la ofensiva derechista de la “patria peronista” aliada del fascismo sindical, mientras que el segundo renunció al gabinete por el cambio de rumbo hacia la izquierda del líder trabalhista.

 

 José B. Gelbard y su actuación empresarial y política populista en la esfera pública argentina: 1952-1974 

Los orígenes humildes de inmigrante y el oficio de  comerciante ambulante de José B. Gelbard y su familia han sido estudiados[48] . A su arribo a la Argentina a los 14 años con la familia, en abril de 1930, amigos en Tucumán ayudaron a los Gelbard a trasladarse a esa ciudad; pronto recorrerán como cuenteniks (vendedores ambulantes, en yidish) el interior de la provincia, hasta la vera de la ruta que la unía con Catamarca.  La primera actividad gremial de José fue su participación en 1935 en la Sociedad Israelita de Vendedores Ambulantes y Socorros Mutuos de Tucumán, fundada por un primo suyo. Al igual que en otras ciudades argentinas, los vendedores ambulantes judíos procuraron organizarse económicamente para suplir la falta de crédito y afrontar las condiciones onerosas que exigían los comerciantes mayoristas. La cooperativa no prosperó, y sus socios se contentaron con una caja de préstamos sin interés (Caja Guemilut Jesed, de asistencia benéfica, según la tradición de las comunides judías de Europa Oriental). Pero en 1938, los judíos de Tucumán lograron operar Crédito Popular del Norte, una cooperativa regional de rápida expansión a través de la “orden de pago”, instrumento comparable al cheque bancario. La ayuda crediticia fue extendida al pequeño comercio, en el que reemplazó los préstamos personales[49] . Luego de su casamiento en 1938, José Gelbard y su esposa se mudaron a San Fernando del Valle de Catamarca, donde se asoció con parientes para abrir una tienda de lencería y  ropa masculina. Allí compartirá exitosas aventuras comerciales con inmigrantes sirio-libaneses y judíos locales. En agosto de 1942, Gelbard hizo su aparición por primera vez en la esfera pública del empresariado nacional: fue elegido delegado de la Cámara de Comercio de Catamarca en el Consejo Central de Comercio de la República Argentina, con sede en Buenos Aires. Desde entonces, Gelbard bregará entre los empresarios de las provincias del norte argentino para su agremiación corporativa en defensa de sus intereses.

Entre 1946 y 1950 los pequeños y medianos comerciantes al por menor, chacareros y fabricantes en las provincias del noroeste protagonizaron movilizaciones, criticando las dificultades en materia de crédito, promoción industrial y transporte.

En 1948, Gelbard logró organizar y presidir la Federación Económica en Tucumán, puntal para su construcción gremial desde el interior del país. El primer congreso del noroeste argentino impulsó la creación de la Federación Económica del Noroeste Argentino (FENA), antecedente federativo de la futura CGE.

Tras su creación en 1950, las cámaras adheridas a  la Confederación Argentina de la Producción, la Industria y el Comercio (CAPIC) exigieron representación en base federalista para elegir sus delegados. Gelbard fue una figura clave en esa gestión para que pequeños empresarios de seis provincias firmaran el Acta de Catamarca en 1950. CAPIC no sólo demandaba una organización democrática de base a nivel nacional, sino que Gelbard mismo se encargó de advertir de los riesgos de su peronización incondicional o cooptación por organizaciones del estado peronista, como la AAPIC[50] .

En aquellos años, tanto algunos empresarios tradicionales, como los de reciente origen inmigratorio, comprendieron la necesidad de expandir el mercado interno y superar el grave estado de las desarticuladas economías regionales. Su decisión de ofrecer un apoyo táctico a la política económica del populismo no significó coincidencia ideológica con el peronismo ni incondicional alianza política: los empresarios nacionales apoyaron al populismo por pragmáticas razones de intereses. Pero hubo divisiones entre ellos. Mientras que los fabricantes de heladeras, autopartes o textiles de fibra de algodón apoyaban la alianza populista, fabricantes de maquinarias y equipos o importadores de fibra sintética criticaban la política oficial de importación a precios más baratos. La política oficial de expansión del mercado interno de productos fabricados en el país, a través de sustitución de importaciones, benefició a viejos y nuevos industriales gracias a créditos bancarios, tarifas proteccionistas, control de cambio y aumento de la capacidad adquisitiva de los sectores popular y medio[51] . La fundación de la CGE en 1952 surgió, precisamente, de la coincidencia de los intereses de los empresarios medianos y bolicheros representados por Gelbard y de los del propio Perón. En los primeros días de diciembre de aquel año, Perón le informó a Gelbard de modo confidencial que había decidido que él fuese su interlocutor con los empresarios. Desde hacía tiempo el líder justicialista procuraba organizar corporativamente al empresariado provincial dividido en tres grandes sectores: industrial, comercial, agrícola. Desde sus orígenes, el peronismo buscó  formar una alianza populista entre los empresarios y las organizaciones obreras capaz de  reglamentar las negociaciones colectivas entre el capital y el trabajo en términos pacíficos, bajo control de la oficial Comisión Económica Consultiva[52] . Esa estrategia fue aún más acuciante a partir de las presiones inflacionarias de 1953 y de las demandas salariales de la CGT. En febrero 1953, la CGE se comprometió a difundir el Segundo Plan Quinquenal en todo el país[53] . La estructura corporativista de la CGE era afín a las ideas del propio Perón sobre la “comunidad organizada”, tanto en su concepción de organización de base en torno a cámaras de comercio en localidades provinciales que elegían a sus representates locales, como a nivel confederal nacional. A fines de 1953, la CGE contaba con 23 federaciones en todo el país. Además, la concepción antipluralista del líder populista selló momentáneamente la suerte de la antiperonista UIA: a pocas semanas de la asamblea constitutiva de la CGE en agosto 1953, Perón ordenó por decreto la disolución definitiva de la UIA y la transferencia de su patrimonio a la Escuela Industrial de la Nación. A diferencia de Vargas, Perón elegía el camino de la confrontación con el enemigo en vez de su cooptación o la conciliación preferidos por Gelbard. Por otra parte, la CGE adoptó también los lineamientos de Peron de mejorar los problemas de productividad, para lo cual Gelbard convocó dos congresos conjuntamente con la CGT en agosto 1954 y marzo 1955. Los empresarios Adolfo Madanes y Torcuato Di Tella fueron los pilares de Gelbard en la organización del último congreso, cuyo lema, tal como surgía del discurso conciliador del presidente de la CGE, fue: “salarios altos y mano de obra barata”. Pero era tarde para conciliar.

Seis meses después, el régimen peronista fue depuesto por la así llamada Revolución Libertadora, y la CGE disuelta como organismo identificado con la detestada “dictadura peronista”, y sus dirigentes fueron inhabilitados para actuar gremialmente, a pesar de que, en 1955, 1.373 cámaras estaban afiliadas a la CGE, con una representación de 120.000 empresas nacionales en todo el país.

Gelbard ejerció la presidencia de la CGE durante tres cadencias consecutivas hasta 1973. Es de destacar la presencia de empresarios judíos que acompañaron a Gelbard: Israel Dujovne, Carlos Fisher, Julio Fleischmann, Adolfo Madanes, Manuel Madanes, Marcos Szteiman, Luis Patacinsky, David Graiver, Victor Havkin, Julio Broner[54] . Este último será presidente de la CGE a partir de 1973, cuando el presidente Peron designará a  Gelbard ministro de Economía en su  último gobierno populista.

La nominación ministerial de Gelbard en la crucial coyuntura política del retorno del peronismo al poder luego de 17 años de exilio fue decisión del propio Perón. Similar criterio de representación corporativa adoptó Perón al confiar a la CGT que designase su candidato a ministro de Trabajo[55] . Pero la designación de Gelbard no se debió sólo a que era presidente de la CGE, sino a su talento de operador político: Perón confiaba en su  capacidad de maniobra para que el nuevo Pacto Social fuese aceptado tanto por los empresarios como por los obreros. Gelbard encarnaba la expectativa populista de una nueva política de concertación entre trabajadores y empresarios para poner fin a la violenta pugna distributiva, cuyas demandas pretendían ser impuestas hasta entonces de modo corporativo. A Gelbard le cupo un rol destacado en la preparación de los aspectos económicos del Programa Mínimo de Reconstrucción Nacional durante las negociaciones de los representantes del Movimiento Nacional Justicialista con el gobierno militar en retirada del Tte. Gral E. Lanusse[56] .

 Pero la característica más notoria que tuvo la actuación política de Gelbard en los tres gabinetes populistas sucesivos como ministro de Economía bajo Cámpora (Mayo-Junio1973), Perón (octubre 1973-julio 1974) e Isabel Perón (julio-octubre 1974) fue su asombrosa capacidad de poder compartir su gestión con una estrategia pactista asombrosa. En efecto, tal estrategia lo obligó a negociar con representantes de la izquierda montonera, la burocracia sindical de la CGT y, especialmente, el ala fascista del movimiento peronista. Así, Gelbard compartió el gabinete desde el inicio del camporismo junto al ministro del Interior Esteban Righi y el canciller Juan Carlos Puig, representantes de la izquierdista Tendencia de la Juventud Peronista, el sindicalista Ricardo Otero y el maquiavélico Mago de la derecha fascista peronista, José López Rega. El ministro de Economía, inmigrante judío polaco naturalizado, no se engañaba de los riesgos de pactar con la figura ultraderechista del todopoderoso ministro de Bienestar Social, quien se resignó a aceptar a Gelbard unicamente en vida de Perón. A partir de la sangrienta masacre de Ezeiza, que frustró la multitudinaria recepción popular a Perón en su definitivo arribo al país en junio 1973, Gelbard pudo apreciar la dimensión real del peligro de los grupos de choque del peronismo sindical y juvenil bajo la dirección  política de López Rega  que se enfrentaban a balazos con “los infiltrados” de la Tendencia montonera. La continuación de esa comprobación fue la denuncia sobre el involucramiento del entorno de López Rega y de su propio ministerio en las escuadras terroristas denominadas Acción Anticomunista Argentina (AAA), y culminó aun antes de la muerte de Perón con ataques abiertos al Pacto Social e injurias antisemitas a Gelbard. Finalmente, Gelbard fue obligado a renunciar en octubre de 1974 bajo la común ofensiva del lópezrreguismo y la burocracia sindical de la CGT, al cabo de una campaña de amenazas de muerte e injurias que, luego de muerto Perón, se inscriben en la radicalización total de la violencia que había reemplazado a la política argentina[57] .

El precario logro del Pacto Social que implementó Gelbard desde el Ministerio de Economía se puede evaluar positivamente, a pesar de la endeble y contradictoria base social de apoyo que tuvo la CGE, por un lado, y de la violencia guerrillera y de las AAA, que arrastró al país a una experiencia de movilizacion social populista con acentuados rasgos de guerra civil. Para empezar, Gelbard consiguió que las grandes organizaciones corporativas de la gran industria (UIA) y de los terratenientes agropecuarios (SRA) aceptaran provisoriamente el Pacto Social y se integraran en las estructuras de la CGE. También los pequeños y medianos productores rurales nucleados  en la Federación Agraria Argentina (FAA) se incorporaron  a la CGE.

No obstante, la FAA no movilizó a sus afiliados para defender la política económica durante la crisis de octubre 1974, y luego de la renuncia de Gelbard se retiró de la CGE. Por su parte, a tan sólo un año de la implementación parcial de la política económica de Gelbard, la SRA dejó de participar en la Comisión de Política Concertada junto con otras corporaciones más agresivas, como CARBAP y CRA. Esas corporaciones combatieron el anteproyecto de Ley Agraria y el impuesto de la renta normal potencial de la tierra, con el apoyo de la CGT, hasta llegar a acusar a Gelbard de intento de socialización compulsiva y “marxista colectivizante”, paralizando la venta de carne y del agro durante varias semanas[58] .

Empero, los éxitos en materia antiinflacionaria, comercio exterior, política de ingresos, ampliación de mercados con Cuba, la URSS y otros países socialistas fueron  importantes.

Pero el reemplazo de Gelbard por hombres de la ortodoxia económica peronista simbolizó no sólo el desplazamiento de “intrusos inmigrantes naturalizados” en el equipo económico del movimiento justicialista, sino el fin mismo de la alianza social y política que hizo posible la concertación del Pacto Social que terminará con la pugna distributiva impuesta corporativamente.

 A pesar de las enormes diferencias entre el desmembramiento de esa alianza populista en la experiencia getulista y en el último peronismo, es necesario constatar que  los enemigos políticos de ambos regímenes utilizaron  en su crítica contra figuras  públicas judías asociadas a ellos un significativo discurso injurioso xenófobo y judeofóbico[59] . Ahora bien, creemos necesario investigar que este discurso no sólo concierne a los judíos latinoamericanos sino  forma parte inseparable de la historia social e ideológica del populismo en el subcontinente.

Porque el prejuicio y la segregación étnica en una coyuntura de crisis como la analizada, y no sólo el discurso de la integración nacional sin discriminaciones,  pareciera que también debieran ser estudiados para entender el fracaso de la alianza populista entre nacionalistas desarrollistas y empresarios de origen inmigratorio, particularmente en el caso argentino [60] .

 


[1] Ver M.C. Soares de Araújo, O Segundo Governo Vargas 1951-1954, Sao Paulo, Atica, 1992, 2a. edición, pág. 23

[2] Para una diferenciación de la ciudadanía en el varguismo y el peronismo, ver  M.H.R. Capelato, Multidoes Em Cena. Propaganda Política No Varguismo E No Peronismo, Sao Paulo, Papirus, 1998, págs.173-199

[3] L. Lippi de Oliveira, Partidos políticos brasileiros; o Partido Social Democrático, Rio de Janeiro, Iuperj, 1973, caps. 2-3; J.French, Industrial Workers and the Birth of the Populist Republic in Brazil, 1945-1946, en  Latin American Perspectives, vol.XVI, no 4, Fall 1989.

[4] T. Skidmore, op. cit., pág. 135, y Soares de Araujo, op. cit., pág. 119, afirman que el gobernador populista conservador Ademar de Barros propuso a Vargas la nominación de Lafer al frente del ministerio de Hacienda y a Ricardo Jafet para la presidencia del Banco do Brasil. 

[5] Ver I.Beloch e A Alves de Abreu (coordinaçao) Diccionario Historico-Biografico Brasilero: 1930-1983, Rio de Janeiro,FGV-CPDOC/ Forense Universitaria, 1984, t.2,  págs. 1733-36

[6] A diferencia de la participacion política de los líderes judíos , restringida a la instituciones comunales en la Argentina, la Federação de Rio promovió campañas pro naturalización de sus socios desde el comienzo mismo del proceso de democratización, y conforme a la igualdad de derechos a los ciudadanos nativos de la Constitución de 1946. La campaña de naturalización fue intensificada por la Federação luego de la promulgación de la Ley de Naturalización (setiembre de 1949). Ver American Jewish Year Book, 56 (1955), pág. 504.

[7] Egon y Frieda Wolff sostienen que la primera vez que un ministro judío ocupó en Brasil la cartera de Hacienda fue cuando  David Campista, alias David Moretzohn Campistam , asumió en 1906 en el gabinete del presidente  Alfonso Penna. Ver su libro E. y F. Wolff, Guía Histórica de Comunidade Judaica de Sao Paulo, Sao Paulo, Bnei Brith, 1988, pág. 46

[8]   Ver la conferencia de Horacio Lafer el 17 abril 1954 en homenaje póstumo a Abelardo Vergueiro Cesar, que fuera uno de los secretarios de la Liga Nacionalista, (citado por Celso Lafer en Perfis Parlamentares 38: Horacio Lafer, Brasilia, Camara Dos Deputados, Centro de Documentação e Informação, 1988, pág. 46).

[9]   Celso Lafer, op.cit. pág. 46

[10] Sandra McGee Detusch, Las Derechas. The Extreme Right in Argentina, Brazil, and Chile 1890-1939, Stanford, Stanford University Press, 1999, págs. 110-12.

[11] Ibidem, pág. 113.

[12] Antonio Gontijo de Carvalho, “Horacio Lafer”, en Digeto Economico, No 184, año XXI, julho-agosto 1965, p. 69 (citado por Celso Lafer, en  Perfis Parlamentares 38, op.cit., pág.45).

[13] S. McGee Deutsch, op. cit., pág. 127.

[14] Ibidem, págs. 131-32.

[15] G.Barroso,  A Sinagoga Paulista, Rio Janeiro, ABC, 1937, págs. 9 y 12.

[16] Panorama 1, Nos 4-5, abril-mayo 1936, págs.3-5.

[17] Diario da Noite, 14 abril 1936

[18] Ese artículo formara parte del citado libro  A Sinagoga Paulista que Barroso publicó en 1937

[19] Seculo XX,  21 abril 1936. Ver  R. Cytrinowicz, Integralismo e Antisemitismo nos textos de Gustavo Barroso na década de 30, Dissertação de Mestrado inédita, Facultade de Letras e Ciencias Humanas, Universidade de Sao Paulo, 1992  págs. 208-9.  A raiz de injurias contra Marcos Voloch y Paulo Rapaport, publicado en Seculo XX (21-4-1936)   donde  lo acusan de estar ligado a un  “complot judío”, el  primero inició juicio por injurias contra  la publicación  y contra los integralistas Oswaldo Gouyea y Jaime de Andrade Pinheiro.

[20] Ver el testimonio de Plinio Salgado en la entrevista de Helgio Trindade, en su libro Integralismo. O fascismo brasileiro na decada de 30, Sao Paulo, Difel, 1974, pág.46; ver sobre la primera novela de Salgado, O Estrangeiro y la ideología del Chefe (en Ricardo Benzaquen de Araujo, Totalitarismo e Revolucao. O Integralismo de Plinio Salgado, Rio Janeiro, Zahar, 1988, págs. 55, 59 y 68). Sobre el mito fundacional de las tres razas y la democracia racial brasilera, ver Roberto Da Matta, Relativizando. Uma introdução a Antropología Social, Petropolis, Vozes, 1984, págs. 62-63.

[21]   Ver E. Lipiner , Breve historia dos judeus no Brasil, Rio de Janeiro: Biblos, 1962, págs. 142-3.

[22]   Revista Panorama, 1 (4-5), abril-maio, 1936, págs. 3-5

[23] Ver el discurso de Plinio Salgado en el homenaje póstumo realizado en la Cámara de Diputados en la sesion del  1 de julio 1965 (en Perfis Parlamentares 38 Horacio Lafer, op. cit., págs. 793-94). La alusión de Salgado a las virtudes de filósofo de Lafer se debe a su primer libro Tendencias Philosophicas Contemporaneas, publicado en 1929.

[24] Ver B.Wainstein, The Industrialist, the State, and the Issues of Workers Training and Social Services in Brazil, 1930-1950, en  Hispanic American Historical Review, 70:3 (1990), págs. 382-85.

[25] Celso Lafer, Horacio Lafer, op.cit. pág. 94

[26] Ver los artículos de Azevedo Amaral , A questão judaica, y de Samuel Wainer, Aspectos parciaes das migracoes israelitas, en Almanack Israelita, dirigida por Azevedo Amaral e Samuel Wainer, Rio de Janeiro, 1937, págs 19-84 y 85-109.

[27]   Horacio Lafer, “A assimilação israelita”, en Almanack Israelita, op. cit, págs.110-11

[28] Esta es la hipótesis de Celso Lafer para explicar la postura respetuosa de su tío Horacio hacia la Iglesia  (ver Perfis Parlamentares 38, op.cit., pág.  95).

[29] Ver el discurso de Ulysses Guimaraes en nombre del PSD en el homenaje póstumo a H.Lafer en Perfis Parlamentares 38, ibidem, pág. 785.

[30] Sobre la formación judía familiar de Lafer y el involucramiento profundo de sus padres, familiares y el suyo mismo en la comunidad judía paulista, ver Celso Lafer, op.cit. págs. 96-97; N. Falbel, Estudos sobre a Comunidade Judaica no Brasil, SP, 1984. Ver el discurso completo del diputado Aliomar Baleeiro en el homenaje postumo a Lafer, en Pefis Parlamentares 38. op. cit. págs. 798-99.

[31] Folha da Manha, 25-10-52 (citado en Celso Lafer, op. cit.  pág. 95).

[32] Celso Lafer, Horacio Lafer, op, cit., pág. 96.

[33] Testimonio de su sobrino Celso Lafer, ibidem, pág. 940; ver también Alice Irene Hirchberg,, Desafio e Resposta- A Historia da Congregação Israelita Paulista, Sao Paulo, edición especial en ocasión de los 40 años de su creación, 1976, págs. 66-82,113-120,229-231; Discursos Parlamentares 38, op. cit., pág. 90.

[34] Ver el testimonio de Amaral Peixoto, líder del PSD, sobre los candidatos de su partido en el gabinete de Vargas (en Getulio-Uma Historia Oral, obra colectiva coordinada por Valentina de Rocha Lima, Rio, Record, 1986, págs. 170-71).

[35] Ver Boris Fausto, Oswaldo Truzzi, Roberto Grun, Celia Sakurai, Imigração e Politica em Sao Paulo, Sao Paulo,Editora Sumare, 1995, págs. 42-44.

[36] Ver entre otros M. C. Soares D’Araújo, op.cit., págs. 148-57; F. C. Weffort, O populismo na politica brasileira, Rio de Janeiro, Paz e Terra 1978; J.D.French, The Brazilian Workers’ ABC: Class Conflict and Alliances in Modern Sao Paulo, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1992, págs. 68-99.

[37] Horacio Lafer condujo la sección brasilera de CMBEU durante año y medio, junto con técnicos de otros ministerios.

[38] Ver Celso Lafer, O Planejamento no Brasil: observaçoes sobre o plano de metas (1956-1961), en B.M. Lafer (org.) Planejamento no Brasil, 3a ed. Sao Paulo, Perspectiva, 1970, págs. 29-50.

[39] M.C. Soarez Araújo, op, cit. págs. 166-67.

[40] Sobre el conflicto de Lafer con Jafet, ver Sergio Besserman Vianna, O Ministro Horacio Lafer e o segundo governo Vargas, Sao Paulo, 1968,  pág. 23-25; además, Celso Lafer, op. cit., pág. 91.

[41] Para una exhaustiva descripción y análisis de la gestión industrial y financiera del ministro de Hacienda H. Lafer, ver Celso Lafer, op. cit., págs. 48-58.

[42] Soares D’Araujo, op.cit., págs. 132-3.

[43] S. C. Smallman, Fear & Memory in the Brazilian Army and Society, 1889-1954, Chapel Hill and London, The University of North Carolina Press, 2002, págs. 167-69.

[44] Ver la autobiografía de Samuel Wainer, Minha Razão de Viver. Memorias de un reporter, Rio, Ed. Record, 7a edicion, 1987, caps. 18-27; Joelle Rouchou, O Camaleâo Samuel Wainer (en Helena Lewin (coord.) Judaismo. Memoria e Identidades, Rio, UERJ, 1997, t.2, págs. 85-96).

[45] Ver un analisis comparativo de la campaña antisemita en Leonardo Senkman, Anti-Semitism and Ethnicity under two Latin American Populist experiences: Vargas and Peron Eras, 1930-1955, Vidal Sassoon International Center for Study Anti-Semitism (manuscrito inédito), Universidad Hebrea de Jerusalén, 1999.

[46] Seguimos las líneas generales de la comparación histórica de B. Fausto y F. J. Devoto, Brasil e Argentina. Um ensaio de historia comparada (1850-2002), Sao Paulo, Editora 34, 2002, especialmente págs. 278-345; sobre la experiencia política, socio-económica y sindical del tercer gobierno populista del Peronismo, ver los ensayos de síntesis de L.de Riz, Retorno y derrumbe. El último gobierno peronista, Buenos Aires, Corregidor, 1986; Guido Di Tella, Perón-Perón, Buenos Aires, FCE, 1983; D. James, Resistencia e Integración: el peronismo y la clase trabajadora argentina, 1946-1976, Buenos Aires, Sudamericana, 1990.

[47] Para la elaboración de esta síntesis intepretativa referida al último  populismo deVargas  ver,  Thomas Skidmore, Brasil:de Getulio a Castelo, Sao Paulo, Paz e Terra, 2000 y M..Soares D’Araújo, O segundo governo Vargas,1951-1954, op.cit.; A. de Castro Gomes, A invençâo do trabalhismo, Rio de Janeiro ,UFRJ,1988.

[48] Ver la biografía política de Jose B. Gelbard, en M. Seoane, El burgués maldito. Los secretos del último líder del capitalismo nacional. Buenos Aires, Sudamericana, 2a.edición, 2003.

[49]   La expansión de esa cooperativa, al igual que otras en ciudades de provincia, tuvieron lugar en los años del peronismo: entre 1948-1952 estaban registrados en Crédito Popular del Norte 475 socios, y en 1955 contaba con 1138 socios (J. Feldman, Historia de la Comunidad Israelita de Tucumán, Tucumán, 1971, págs. 256-288).

[50] Ver el incisivo análisis de  James Brennan sobre el intento de Perón de establecer una agrupación empresarial peronizada, la AAPIC, antes de la CGE, en James Brennan, Industriales and Bolicheros: Business and the Peronist Populist Alliance, 1943-1976 (en J. P. Brennan (ed), Peronism and Argentina,Wilmington,Delaware,  Scholarly Resources, 2000, págs. 88-89).

[51] Judit Teichman, Interest conflict and Entrepreneurial Support for Peron, Latin American Research Review 16,1 (1981): 148-49.

[52] J. Brennan, op. cit., pag. 93.

[53] M. Seoane, op. cit., págs. 80-81.

[54] Dardo Cúneo, Comportamiento y Crisis de la Clase Empresaria, Buenos Aires, Pleamar, 1967, págs. 167-215; 229-245; 257-266; ver la biografia de Gelbard en Maria Seoane, El Burgués Maldito. Los secretos de Gelbard, el último líder del capitalismo nacional, Buenos Aires, 2003, 2a. ed, cap. 3. Para una historia institucional de la CGE, ver Historia de la Confederación General Económica de la República Argentina CGE, Buenos Aires, 1983.

[55] Ver el testimonio de Héctor Cámpora recogido en el libro de Miguel Bonasso El Presidente que no fue. Los archivos secretos del peronismo, Buenos Aires, Planeta, 1997, pág. 434.

[56] El segundo punto de las bases mínimas de ese Programa fue redactado por Gelbard, ver M. Bonasso, op. cit., págs. 283-86, 292; sobre los aspectos económicos del Pacto Social ver Mario Rapoport y colaboradores, Historia económica, política y social de la Argentina, Buenos Aires, Ed. Machi, 2000, pags. 665-671.

[57] Sobre el enfrentamiento total de López Rega contra Gelbard, M. Seoane, op. cit. págs. 339-388; M. Larraquy, López Rega. La Biografía, Buenos Aires, Sudamericana, 2004, págs. 290-315; sobre la denostación antisemita en la campaña de López Rega contra Gelbard, ver L. Senkman, El antisemitismo en la Argentina, Buenos Aires, CEAL, 1989, págs. 132-140.

[58]  R. Sidicaro, Poder y crisis de la gran burguesía agraria (en  A. Rouquier, Poder Militar y Sociedad Politica en Argentina, Buenos Aires, Sudamericana, t. II, 1982, págs. 84-86).

[59] En junio de 1953 la UDN consiguió formar una comisión parlamentaria para investigar el prestamo del Banco do Brasil que Vargas otorgó a Samuel Wainer para su diario Ultima Hora, progubernamental. El caso tuvo repercusión y fue utilizado por los anti-getulistas para denunciar la ‘corrupción e inmoralidad’ del régimen. Carlos Lacerda, su principal dirigente, utilizó también un discurso xenófobo e injurioso contra Wainer. Similarmente, se difundirán injurias judeofóbicas contra Gelbard y otros socios a raíz de las revelaciones a fines de agosto 1974 de la comisión parlamentaria investigadora de los contratos de venta de la empresa estatal ALUAR, presidida por el notorio diputado peronista antisemita Juan Carlos Cornejo Linares. Ver Leonardo Senkman, Anti-Semitism and Ethnicity under two Populist Latin American Experiences, op. cit; también  Maria Seoane, op.cit., págs. 372-73.

[60] Para un estudio comparativo más abarcativo de los judíos durante las experiencias populistas del varguismo y peronismo, ver  L.Senkman, Populismo y Etnicidad: Vargas, Perón, los judíos e Israel, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 2006.