Las ideas, su política y su historia

El movimiento de los grupos políticos (cliques) en tres perídos presidenciales en México

Samuel Schmidt | UACJ. México
Jorge Gil Mendieta |UNAM. México

 

Resumen:

En este artículo se analizan los cliques de tres presidentes mexicanos. El clique es una estructura en la que los actores están fuertemente conectados entre si, y sirve para entender la configuración de los grupos, como se mantienen a lo largo del tiempo y como interactúan. En este caso dentro del sistema político mexicano.
Este análisis cubre 49 años de política mexicana.

Abstract:

In this article we analyze the cliques of three Mexican presidential administrations.
A clique is a structure where actors are strongly connected among themselves and it helps understand the configuration of groups, how they are maintained over time and how they interact, in this case as part of the Mexican political system.
Our analysis cover 49 years of Mexican politics.

 

Uno de los tópicos en el estudio de las élites ha sido el de la continuidad. Hay autores (Smith 1979, Camp 1980, Centeno 1994) que se han preocupado por medir cuántos funcionarios pasan de un gobierno a otro. Autores como Pareto abordaron la circulación de las élites; Wright Mills (1957) y Domhoff (1969) buscaron la congruencia de la élite en la circulación de élites en el gobierno, encontrando que coyunturalmente ciertos grupos tenían una gran relevancia. Wright Mills analizó el sistema de poder en los Estados Unidos a la luz de la segunda guerra mundial y descubrió el gran papel del ejército, al punto de considerarlo un componente fundamental de la élite del poder; Domhoff, siguiendo el modelo de Mills, lo corrige, observando que a la luz de la guerra fría la comunidad de inteligencia reemplaza al ejército. Si se escribiera el mismo tipo de análisis ahora, descubriríamos posiblemente que uno de los factores determinantes en Estados Unidos son los abogados, aunque estén circunscritos al poder legislativo.

En otros países, es muy posible que el mismo tipo de lógica no presida la conformación de las élites gobernantes. En el estudio que hicieron Brzezinski y Huntington (1964) sobre la URSS se veían pautas de reclutamiento y promoción alrededor del partido comunista, probablemente debido al papel preponderante del partido y del gobierno. Un cuadro similar se presenta en el caso de México, donde el reclutamiento se concentraba en las instituciones del partido y en las universidades, especialmente la UNAM, sobre todo desde la década de los cincuenta. La promoción se daba dentro del marco partidista y las instituciones del Estado, ya sea dentro del poder ejecutivo o entre los poderes. Es muy posible que la similitud entre México y la URSS derivara de la omnipresencia del partido dominante.

Si bien no cabe menospreciar la existencia de ciertas instituciones con gran peso en la formación, reclutamiento y circulación de élites, nosotros hemos asumido que en el caso mexicano es determinante la existencia de una red de poder cohesionada por intereses comunes y conexiones creadas y fortalecidas a lo largo de los años para darle estabilidad al sistema. Un gabinete presidencial típico hasta el año 2000 se podía trazar con un antecedente de casi 40 años, o lo que es igual: que algunos de los miembros del mismo habían ingresado en la política con tanto tiempo de anticipación.

En este artículo analizaremos los cliques de tres presidentes para mostrar el comportamiento de los mismos y el grado de circulación dentro de la red.

En ensayos anteriores hemos considerado la consistencia de la élite del poder como un factor de estabilidad política, en parte porque determina que la competencia por el poder y su distribución se conduzca con reglas aceptadas por todos. Esta parece ser una hipótesis aceptable para explicar por qué mientras países similares a México en América Latina pasaban por etapas de gran turbulencia e inestabilidad, México se convertía en un ejemplo de estabilidad a nivel mundial .

Cabe adelantar la hipótesis de que la diferencia fundamental por lo que toca a la estabilidad registrada en México y la mayoría de los países latinoamericanos, reside en la homogeneidad de su élite del poder -la cual, por cierto, no debe confundirse con la clase dominante. Esta homogeneidad relativa dificulta la intromisión de factores externos y la inestabilidad inducida por otros países (Mazzuca 2002), y de paso reduce las posibilidades desestabilizadoras por la acción de las fracciones de la clase dominante que pugnan por hegemonizar el sistema. Ya sea que encontremos, como sugieren Wright Mills y Domhoff, ciertos grupos preponderantes en la élite -aunque algunos de éstos cambien según la coyuntura y las circunstancias políticas, como por ejemplo la existencia de una guerra o un reemplazo generacional de grupos especializados- ; o bien que encontremos una especialización en los patrones de reclutamiento y promoción política, como lo hacen Centeno, Smith y Camp, quienes parecen coincidir en el valor sistémico de tal coincidencia.

El análisis de clase y la red de poder.

Para aclarar el rol de la red, conviene detenerse en los conceptos de clase dominante, élite gobernante y red de poder

La clase social dominante determina el tipo de sistema económico social, imprimiéndole los rasgos de reproducción fundamentales. Este tipo de sistema es de largo alcance. Si hablamos del sistema capitalista reconocemos las características de producción y apropiación de forma abstracta, y de igual manera hablamos de una clase social dominante. Las variaciones en el mismo pueden responder al proyecto de la fracción hegemónica de la clase dominante, que impone características específicas al resto del sistema; el reemplazo de la fracción hegemónica puede darse sin muchas turbulencias, porque puede sustentarse en cambios de gobierno donde un gobierno articula las políticas que favorecen al proyecto de la fracción hegemónica. Surge así la posibilidad de que el gobierno fortalezca una de las fracciones ayudándola a establecer su hegemonía: es el caso de los modelos de industrialización que desplazaron a las clases agrícolas y favorecieron el predominio de las burguesías industriales.

La clase dominante es heterogénea y padece en su seno conflictos a causa de la hegemonía, ya que eso implica la subordinación del resto de la sociedad por parte del gobierno a dicho proyecto hegemónico; con todo, tales enfrentamientos no necesariamente comportan rompimientos políticos severos, susceptibles de dar lugar a cambios conflictivos en la sociedad.

En el sistema se registra una autonomía relativa del gobierno respecto a la fracción hegemónica (Schmidt 1988), aunque el Estado siempre responde a los intereses más generales de la clase dominante. Esta autonomía supone la posibilidad de afectar algunos de los intereses inmediatos de la clase dominante sin poner en riesgo el proyecto general, si bien puede propiciar un cambio de fracción hegemónica. Tómese en cuenta la política fiscal que afecta a ciertos intereses inmediatos, o la capacidad del gobierno de intervenir en el ámbito de la propiedad privada sin poner por ello en tela de juicio el principio de la propiedad privada como elemento básico del sistema. Aún registrándose cambios en el tipo de gobierno, pueden no modificarse las bases que sustentan el Estado.

Es por esto que mientras el Estado tiene una larga permanencia que va más allá de las diversas élites y su competencia, la existencia del gobierno es más limitada y se halla sujeta a las presiones de la construcción de consenso y legitimidad. Aquí la competencia entre élites y su continuidad es importante, porque está en juego la estabilidad del gobierno y la viabilidad del proyecto hegemónico de una fracción de la clase dominante. Más aún, se puede dar un cambio en el gobierno para asegurar la reproducción del sistema económico-social. Tal es el caso del golpe de Estado que elimina las amenazas políticas en contra del sistema para preservarlo, como ocurrió en Chile cuando fue depuesto Salvador Allende. Hubo un cambio de gobierno al tiempo que se preservaba el Estado -proceso en el se hallaban involucradas las élites dominantes.

Clase dominante no equivale a élite gobernante, aunque ambas lleguen a tener una fuerte simbiosis. La élite puede estar conformada por miembros de la clase dominante y por personas ajenas a esa clase social, aunque en su conjunto responda a los intereses de la clase por su aspiración a ascender socialmente y por una innegable identificación ideológica. En otras palabras, la élite gobernante asume la promoción de los intereses de la clase dominante.

Ambos proyectos se entrelazan con frecuencia por medio de la élite del poder, que llega a configurarse como una red. Sirva postular aquí que la élite gobernante se encarga de asegurar la viabilidad y continuidad del proyecto hegemónico y del sistema económico-social. Por ello la estabilidad política es un componente importante de la viabilidad del modelo de gobernación y de las condiciones de reproducción del sistema, de lo que son así mismo elementos básicos la solidez de las instituciones de gobierno, la satisfacción de la clase dominante y sus múltiples instancias de influencia política y económica, y por supuesto el consenso y la legitimidad. No profundizamos más en este terreno porque compete al campo de la teoría política y va más allá del propósito de este ensayo, pero avanzamos la hipótesis de que cuanto mayor es la cohesión de la élite gobernante, mayor es su capacidad de administrar eficientemente las instituciones de gobierno, y de asegurar por ende la continuidad del gobierno y de un proyecto de clase, el de la fracción hegemónica pero también puede contener los riesgos de inestabilidad que acarrea la lucha por imponer el proyecto hegemónico y hasta su eventual cambio -de una fracción de la clase dominante a otra-. La configuración de las relaciones en esta élite es fundamental para entender su solidez.

En el caso mexicano, la existencia de una red construida a lo largo de casi todo el siglo XX explica la cohesión de la élite gubernamental y la viabilidad del modelo económico; más aún, facilitó las importantes transformaciones que lo llevaron a pasar de una base agrícola a otra industrial, y finalmente al dominio de una lógica financiera, en menos de un siglo y con sorprendente estabilidad. La solidez de la red de poder facilitó la transformación económica y demográfica y hasta un reemplazo de élites económicas, por medio de instituciones que facilitaron el tránsito de un modelo a otro. Hasta es sorprendente que este modelo haya facilitado el fin de un largo dominio unipartidista y la alternancia a un nuevo partido con una turbulencia muy baja.

La red de poder mexicana

La red de poder mexicana garantizó la transición de una revolución (1910) a un sistema institucionalizado de transmisión del poder, asegurando que el conflicto por el poder se contuviera dentro de reglas -escritas y no escritas- relativamente precisas. La competencia entre las élites se daba en marcos que no ponían en riesgo el sistema económico-social. Durante varias décadas la élite económica entendía que su esfera estaba constreñida a los negocios -que con frecuencia involucraban a políticos-, mientras que la conducción política del país estaba reservada para la élite política. Esta división del trabajo fue altamente efectiva para evitar intromisiones desestabilizadoras en la política por parte de grupos empresariales.

La red garantizaba continuidad y reacomodos constantes en los distintos niveles de gobierno. Tratándose de un sistema federal, el alcance de la red propiciaba el control de los tres niveles de gobierno -federal, estadual y municipal-, así como controlaba los poderes federales: ejecutivo, legislativo y judicial. Uno puede observar en la historia de ciertos funcionarios públicos que han cubierto puestos municipales, desempeñado altos puestos en el gobierno federal y sido jueces y legisladores. Ése era uno de los atributos de la red: su capacidad para movilizar recursos políticos y económicos a lo largo y ancho de las instituciones del Estado y establecer un sistema de control y sumisión política muy desarrollado y comprensivo. Es muy elevado el número de personas que ocupaban posiciones de poder simultáneamente y que se regían por la lógica de la disciplina y lealtad institucionales a la lógica del partido gobernante. Si midiéramos solamente el número de actores políticos relacionados con los gabinetes presidenciales contaríamos a varios miles de personas, según pusimos de manifiesto al analizar el caso de tres presidentes: Miguel de la Madrid (1982-1988), Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y Ernesto Zedillo (1994-2000).

Tres presidentes y sus cliques

Un enfoque que han utilizado varios autores para medir la continuidad, o solidez, de una élite política, consiste en medir cuántos actores políticos pasan de un sexenio a otro y comprobar cuántos sexenios perduran (Hernández Rodríguez 1998). La falla del análisis es que con frecuencia se queda solamente en la medición de la repetición, lo que nos permite analizar la frecuencia en que se repite la presencia de los actores pero no mucho más, a no ser que el análisis se acompañe de un esfuerzo etnográfico de análisis de los grupos, lo que no suele ser el caso, ya que con frecuencia encontramos inferencias especulativas. En este tipo de análisis cabe inferir que algunos actores permanecen por sus habilidades, otros por sus atributos, otros por sus conexiones, pero no existe un criterio que permita conocer cual de éstas razones es determinante.

Nosotros hemos decidido analizar los cliques, dado que éstos muestran la conectividad de los actores, y por lo tanto cierta configuración grupal en la política. Hicimos el seguimiento del comportamiento de los cliques porque, al analizar los de cada miembro del gabinete retrospectivamente hasta su primera aparición en la política, encontramos todas las relaciones entre los miembros del gabinete y otros políticos. Esto nos permitió constatar cómo algunos cliques desaparecen, otros se transforman y algunos más se recomponen con el paso de los años. Hallamos así que hay actores que aun no estando presentes en los espacios más relevantes de la política (el gabinete presidencial por ejemplo), pueden empero mantenerse -con altibajos- en posiciones políticas. En otro análisis comprobamos que algunos actores ocupan una centralidad mayor que la del presidente de turno (Gil y Schmidt 1999), lo cual cabe atribuirlo a su participación en cliques de largo alcance, pues los cliques se pueden diversificar: un actor puede participar en más de un clique, y aumentar en el curso de los años el número de cliques de los que es miembro.
Para analizar los cliques de los presidentes utilizamos una matriz de adyacencia y analizamos una red que cambia con el tiempo. Hicimos un seguimiento de los cliques en los que participaron tres presidentes (ver gráfica 1. general).

Interconexión de clique a través del tiempo (49 años)

Nos remontamos al año en que participó por primera vez en la política alguno de los miembros del primer gabinete del primero de los tres presidentes incluidos en este estudio (1945), aunque el primer año en que aparece el primero de los tres presidentes considerados, Miguel de la Madrid, es en 1965. El resultado fue que si bien los presidentes comprenden solamente 18 años de política, el análisis de los tres cliques comprenden cuarenta y nueve años de política mexicana. El total de personas relacionadas con los 88 miembros de los tres gabinetes presidenciales asciende a 3173. De éstos eliminamos a quienes tenían poco años de servicio, cuyo índice de impacto era por tanto bajo, quedando el numero de actores reducido a 644.

El supuesto que aplicamos es que si trabajaron en el gobierno un año como mucho no crearon conexiones en grado de asegurar una permanencia de largo alcance. De éstos eliminamos a los que tenían hasta 10 años trabajando en el gobierno, pero que no tenían peso en la red, porque de repente desaparecen y no llegan a reaparecer en ninguno de los grupos cercanos al presidente. El número se redujo en definitiva a 572 actores, que formaban 628 cliques, y que son los que conforman la red cercana de los tres presidentes.

Los cambios que se registran en esta red a lo largo del tiempo consisten en la muerte e ingreso de actores, en la rotación de actores y grupos y en la conformación de nuevos grupos. En estos cuarenta y nueve años el sistema pasó de un tipo de políticos a otros, incluyendo modificaciones ideológicas y hasta de enfoque en el modo de hacer política.

En los cuarenta y nueve años analizados, de los 88 miembros del gabinete destacan 4 actores que tenían contacto con otros 150, 16 de los cuales participaban en más de 25 cliques, y otros 40 participaban en cliques con más de 15 actores.

Esta red comprende 572 actores que conforman 657 cliques con un cubrimiento muy amplio. Encontramos cuatro tipos de cruces que comprenden a los actores que participaron en los sexenios de De la Madrid y Zedillo, de De la Madrid y Salinas, de Salinas y Zedillo, y aquéllos que participaron en los tres sexenios (ver gráfica 2). Esto quiere decir que los actores están muy comunicados a distancia uno. De los diez actores con mayor conectividad, encontramos que Manuel Camacho estaba conectado con el 31.3% de los actores, Bernardo Sepúlveda con el 28.15%, Miguel De la Madrid con el 27.6%, Carlos Salinas con el 26.9%, Manuel Bartlett con el 23.8%, Francisco Labastida con el 23.6%, Ramón Aguirre con el 22.5%, Jesús Silva Herzog con el 21.85%, Sergio Ramírez con el 20.63%, Pedro Aspe con el 19.93%. Ernesto Zedillo ocupaba el lugar número 13 conectado con el 10.14% de los actores.

Los políticos que ocuparon un puesto en los gobiernos de De la Madrid y Salinas constituyen el 18.61% del total de actores; en los gobiernos de Salinas y Zedillo, el 6.29%, y en los de De la Madrid y Zedillo 3.32%. Los actores comunes a los tres presidentes eran el 2.63% (ver tabla 1). Lo que demuestra que hubo poca continuidad.

Tabla 1

Actores comunes a los tres gabinetes presidenciales

No obstante, nosotros sostenemos que la red en general es muy sólida. Cuando un nuevo grupo llega al poder ocupa las posiciones importantes, en tanto los otros grupos aceptan ser desplazados y ocupar posiciones secundarias. Con eso se reducen los conflictos intra-élite y los distintos grupos aceptan su posición para no salir del sistema, pasando a defenderlo y a asegurar la permanencia de la red. En otras palabras, es una red donde cada cual acepta cumplir su papel.
Dada esta circulación de grupos, puede darse el caso de miembros del gabinete que pertenezcan a un grupo y que participen en pocos cliques. Por ejemplo, Guillermo Jiménez Morales, gobernador del estado de Puebla y Procurador General de Justicia, participaba en solamente 4 cliques y con un cubrimiento muy bajo de 7%. Su posición de fuerza se desprendía de su posición en el partido.

Esto nos lleva al tema de la relación entre el partido en el poder y el gobierno, que si bien se hallaban en una suerte de simbiosis, ésta sin embargo no garantizaba que el partido colocara a sus miembros en el gabinete. Parece más bien que el factor determinante de la colocación de los actores en el periodo estudiado era el de los grupos políticos, cuya cohesión en ocasiones promanaba de los puestos ocupados por el presidente (Ver gráfica 2).

Gráfica 2. Los cliques presidenciales

Selección de puntos de conexión

En la gráfica 3 se muestra el origen de la mayor parte de los cliques de los presidentes. En el caso de De la Madrid, 8 cliques provienen de su gestión en PEMEX y otros ocho se forman a partir de las conexiones urdidas durante su presidencia de dicho organismo; 5 de cuando era funcionario en el Banco de México, 39 de cuando trabajaba en la Secretaria de Hacienda, 39 de su trabajo en la Secretaria de Programación y Presupuesto, once de su servicio en el gabinete presidencial de José López Portillo y 29 que se generan en las conexiones urdidas a lo largo de su etapa presidencial.

En esta gráfica se muestra que la red de De la Madrid es más sólida y tiene un mayor cubrimiento porque se creó en varias dependencias. Mientras que en el caso de Salinas y Zedillo, si bien hay un número elevado de cliques, estos provienen básicamente de una secretaría .

Conclusión

La rotación de los actores en la red de poder mexicana tenía lugar, por lo menos hasta el año 2000, con mucha frecuencia dentro del mismo gobierno, aunque los niveles jerárquicos sean distintos.

La configuración de cliques garantizó durante varias décadas la permanencia de los actores, y con ella el compromiso de mantenimiento del sistema.
Tal vez el elemento peculiar del mismo sea precisamente el que la rotación se dio sin apenas conflictos, asegurando así la prolongada estabilidad política mexicana.


Bibliografía

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