Las ideas, su política y su
historia
Escritura e identidad. Función de la literatura histórica
en los orígenes del nacionalismo
(fragmento final)
Juan Daniel Ramírez Garrido | Universidad de Sevilla, España
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Sin duda, en el proyecto de Sarmiento sobre la obra civilizadora de la educación y su papel en el desarrollo nacional conviven aciertos con errores. Es valiosa la acción civilizadora que se proponía a través de la educación, pero es del todo rechazable su eurocentrismo y el desprecio hacia cualquier forma de vida que no fuera ciudadana y occidental, como si no quisiera comprender que la denostada vida pastoril venía impuesta por la fuerza de las circunstancias.
Pero no es el objetivo de este trabajo desarrollar una crítica más profunda acerca de sus aciertos y errores; tal propósito puede esperar otro momento. Me limité a señalar que Facundo representó un intento mediado de dar forma literaria a una identidad nacional para, después, persuadir de la bondad del proyecto a la intelligentzia, e iniciar su aplicación, valiéndose de la educación como instrumento civilizador.
Si Sarmiento hubiera intentado el ensayo como único género posible para exponer sus tesis e iniciar un debate en torno de los dos factores opuestos, civilización vs. barbarie, es muy posible que su libro no hubiera alcanzado la influencia histórica que llegó a tener. La fuerza retórica de su relato se encuentra, precisamente, en la combinación e hibridación de géneros que posee. El lector busca una biografía y se encuentra un ensayo. Cuando finalmente se ensimisma en él, emergen elementos novelescos que le dan un nuevo interés a la trama. y en diversos momentos aparece la voz vibrante del autor -las más de las veces en primera persona- con ribetes de discurso parlamentario decimonónico, o con expresiones de una gran carga dramática. Todo ello en un claro esfuerzo por enrolar al lector en la causa civilizadora. Nos encontramos, por tanto, ante un texto identitario, capaz de crear una substancia dialéctica que puede ser consumida y, siguiendo con una metáfora biológica, metabolizada por sus lectores, de modo que tal substancia forme parte de ellos en el curso de su desarrollo cultural.
En el momento en el que Sarmiento parafrasea, e incluso ventrilocuiza, a Shakespeare al extremo ser o no ser (salvajes), está señalando no tanto el Ser de la nación como el Llegar a ser, la meta final a la que aspira para Argentina en el curso de su obra civilizadora. Pero la substancia dialéctica reflejada en el texto sólo puede ser asimilada si su destinatario dispone de una institución que le prepara y le ayuda a metabolizarla: éste fue el papel que Sarmiento asignó a la escuela. Su éxito no se garantizaría sin un sistema público de educación que crean las condiciones psicosociales necesarias para hacerla digerible. Podría decirse que la educación representa la faz complementaria a la literatura en el gran proyecto civilizador de quien, pasados los años, pretendió -y consiguió en gran parte- transitar la última vía que le quedaba por recorrer: la política.